Por: Liuva Sarduy González
Apenas se deja ver. Hoy es casi un recuerdo desconocido y pocos niños del barrio conocen a quién se dedica y por qué.
El fondo de la antigua Cárcel pública se designó como lugar para el perpetuo homenaje a los primeros mártires por la independencia de Cuba en Sagua la Grande.
Para ello se creó un obelisco de hierro en los años de 1870 a 1895 en honor de tres patriotas caídos en la gesta de 1868:
Juan Daniel Araoz Almeida solo tenía 27 años. Nació en Santa Clara pero su familia se asentó en la Villa del Undoso. En febrero de 1869, se lanzó al combate aunque su paso por el movimiento libertario a favor de Cuba duró solo unos meses. Fue hecho prisionero y, para escarmiento público, fusilado junto a un árbol de Jía, en el patio de la cárcel Pública, el 28 de febrero de ese mismo año.
Francisco López Ramos nació en Cifuentes y a los 58 años de edad, mientras se desempeñaba como Gobernador civil de las cinco Villas para la Cuba libre del gobierno español, fue apresado y fusilado en el mismo sitio de escarmiento, el 24 de abril de 1869.
Ese año también sería el último del sagüero, Miguel Acosta Espinosa, quien cercenada su vida por las balas españolas al pie del árbol de Jía de la Cárcel de Sagua la Grande.
Cualquiera pensaría que este monumento y su construcción están signados por la desgracia pues se erigió, precisamente donde antes estuvo el famoso árbol, testigo de los fusilamientos. El sagüero José Gutiérrez García, dueño de un taller de fundición, ideó el obelisco que aun hoy se erige, solitario e imponente, en el patio de lo que fuera la Cárcel Pública de Sagua la Grande.














Comentarios
Ese obelisco debe mantenerse y hablar con las escuelas para que los alumnos lo visiten.