¿Truco o trato? o ¿Los trucos del trato?

 

Por: Lisandra González Machado

¿Quién quiere celebrar Halloween hoy?

Yo, pregúntenme, pregúntenme.

No por eso, tienen que sonar alarmas ni ponerme en la picota pública del divisionismo ideológico.

¿A quién no le gusta participar de una festividad donde el verdadero protagonista es el alter ego que nos inventamos y que de manera ingeniosa le damos vida?

¿A quién no le gusta participar de una fiesta donde adultos y niños extraen de sus cuentos favoritos, de sus fantasías más increíbles, personajes de miedo o no?

Sí, claro, también me gusta celebrar la jornada por la Cultura Cubana. Me siento orgullosa cuando se despliega a todo color en mi municipio.

Pero, ¿por qué muchos jóvenes, sobre todo, miran por encima del hombro cuando quieren celebrar Halloween?

¿Qué es una fiesta importada?

Sí.

Pero, alejado de lo que muchos creen, no viene del “big bad Wolf” (gran lobo malo), Estados Unidos. Es una festividad de origen celta, que tiene parte de religión y parte de tradición pagana.

Las raíces de Halloween están en Reino Unido y su nombre proviene de una frase inglesa "All Hallows' Eve", lo que se traduciría como víspera de todos los santos.

Luego de varios años, de modificaciones religiosas, de festivales por el fin del verano, como el ritual Samahain, y de varios íconos establecidos como las hogueras y los rituales al Rey de los muertos y claro, una coma aquí, una mezcla allá, se unieron ambas celebraciones y surgió Halloween.

Ya dije que no nació en Estados Unidos. Luego de la Gran Hambruna (1845-49) en Irlanda, más de un millón de personas emigraron a Estados Unidos y se llevaron consigo su historia y tradiciones, y no es coincidencia que las primeras menciones de Halloween en territorio estadounidense aparecieran poco después de ese éxodo.

Claro, el “big bad Wolf” hizo lo suyo, que tan bien lo sabe hacer, y apoyado de su industria fílmica popularizó tanto Halloween, hasta modificarlo, nuevamente.

El maíz y los espantapájaros, fueron introducciones norteamericanas, dada la importancia que tenía ese cultivo por aquellos años para la agricultura estadounidense.

También fue incluida la calabaza con sus fantasmagóricas formas talladas, - la versión original de la campiña británica era tallar nabos-.

Incluso, el famoso ¿Trick or treat? de los niños, se le adicionó en Estados Unidos.

Esa imagen novelesca de perfección de niños y adultos disfrazados, correteando y riendo en las frías noches de una urbanización, típicamente estadounidense, pidiendo dulces con cestas adornadas, ha sido, es y será exportada por la industria cultural a muchos países del mundo, sobre todo de Latinoamérica.

Hay que tener en cuenta, que hoy por hoy, Halloween es el día festivo no religioso más grande de Estados Unidos. Superó incluso al Día de San Valentín y está considerado como período pico para las ventas de chocolate.

¡Claro! Halloween es un negocio, para ellos, que lo exportan y lo explotan como negocio, para nosotros, sería distinto.

Halloween para los cubanos, es una suerte de noche para soñar con esa infancia que a todos nos gusta desatar de grandes, hacer bromas entre amigos, bailar disfrazados y sin saber por qué. Porque en Cuba, Halloween es eso, una fiesta de disfraces, más de grandes que quieren parecer pequeños, que de niños en sí.

¿Hay algo de malo en eso?

¿Es necesario todo un desmontaje de segundas lecturas, de miedos extremos por pérdidas de identidad, por una simple fiesta de disfraces?

Cuando todos los cubanos mayores de 25 años, identifican esta frase: “si este numerito se riega entre la tropa, va a haber mucha gente en la impedimenta, cargando frijoles”. O ríen ante: “¡Pancho, un toro!”.

Más daño que Halloween a los, para nada ingenuos, jóvenes cubanos, hacen a los infantes las Bratz o las elitistas y anoréxicas barbies, que, además, son super espías, o genios de la moda, o las princesas, o las niñas como Sofía, que primero son pobres y luego viven en un palacio con maestros de magia, por si no pueden resolver los problemas solas, o Eli Shane que desde niño está jugando con armas y babosas, o AJ y Blaze, su monster machine que hacen creer a un niño de 6 años que es posible tener un todo terreno capaz de todo.

Esos son peligrosos, y también tienen detrás un andamiaje de soporte comercial que asusta, y ya si un niño no tiene “lunchera”, (1 minuto de silencio por la jabita de la merienda) con el animado de turno, la pataleta es grande, - incluso de la madre-.

Pero no veo a nadie haciendo campañitas contra los muñequitos importados. O son solo eso, campañitas y no señales con el dedo por una fiesta que, cada vez más, cobra auge en Cuba los 31 de octubre.

Entonces, ¿aún quieres celebrar Halloween?

Sí, voy a ir como…

¿Elsa, la de frozen, o Frankestein?

¿Cómo crees? Me debato entre Fernanda o María Silvia ¿Cuál me quedaría mejor?

 

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El Museo de la música Rodrigo Prats.

     Fundado en 1992, en la Calle Solís No. 157 entre Martí y Maceo, en Sagua la Grande, el Museo de la Música “Rodrigo Prats Llorens”, es una institución especializada en la historia del arte musical de  valiosos exponentes de la música cubana nacidos en la Villa del Undoso, como el flautista Ramón Solis Fernández, los maestros Jaime Prats Llorens, Enrique González Mánticci y el famoso cantante Antonio Machín, entre otros.

     En sus salas se atesoran colecciones líricas de partituras, documentos, fotografías originales, soportes fonográficos, instrumentos musicales y objetos históricos, de valor excepcional. Es la sede permanente del Grupo Lírico “Conchita Rodríguez”, además se realizan peñas de diferentes músicos del patio y conversatorios sobre la música cubana y sagüera.

     Esta institución ofrece servicios científicos como recorridos especializados y dirigidos, charlas, conferencias y consultas de fondos de animación artístico-cultural.


 

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