Por: Maylen Paz Treto



En una fecha como hoy, 17 de junio, en que el mundo entero hace un reclamo por revertir la desertificación y la sequía, nos percatamos de que nos parece una situación ajena totalmente a nuestra realidad.

Vivimos en una ciudad atravesada por un majestuoso río, el segundo en longitud de Cuba, con una vasta cuenca que desemboca al mar. Y además en una provincia que se caracteriza por la amplitud de sus redes fluviales, entre ellas sobresalen, además de nuestro río Sagua la Grande , el Sagua la Chica, Agabama, Arimao, Zaza, Majá, Sierra Morena y Guaní. Existen en ella numerosos embalses: Alacranes, Hanabanilla-Jibacoa, Minerva, Palma Sola, Palmarito, La Quinta, Abagama, entre otros, cuya capacidad total de almacenaje alcanza los 1.012,3 millones de metros cúbicos de agua.

Con esta descripción de la situación hidrográfica no es de extrañar que a veces olvidemos que este recurso vital debe manejarse con precaución porque se puede agotar, y además que su mal manejo en las zonas de cultivo va en detrimento de la producción agrícola.

Es que precisamente la degradación de los suelos constituye la causa principal de la desertificación en Cuba, donde ambientes secos y mal uso de las tierras han provocado salinidad y erosión a los suelos, además de degradación de la cubierta vegetal.

Las tierras en esta situación se dedican a la explotación ganadera, y los excesos de carga animal cada vez más se revierten en detrimento de la propia tierra. Una tierra a la que se suma la tala indiscriminada de árboles, y frutales. Por tanto, a veces presenciamos grandes extensiones de sabanas áridas que nos remiten a un paisaje ajeno a nuestra verde y rica geografía.

Para conservarla así están concebidos programas y planes de manejo integral de los recursos naturales que regulan y administran este preciado recurso y adoptan y aplican decisiones políticas, económicas, sociales y ambientales básicas para el desarrollo sostenible.

Es un error pensar que este tema atañe solo al personal relacionado con la ganadería, la agricultura o el gobierno. Cada individuo está implicado, el cambio climático nos afecta todos, y todos somos causantes, con nuestro erróneo accionar, de que ocurran eventos meteorológicos como el aumento de las temperaturas, las tormentas, las sequías y los procesos de desertificación imparables.

Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía con el objetivo de fomentar la conciencia pública sobre el tema mediante resolución 49/115, en 1994.

Según este organismo, la escasez de agua afecta a entre 1.000 y 2.000 millones de personas. Bajo el actual escenario de cambio climático, se calcula que cerca de la mitad de la población vivirá en áreas afectadas por un alto grado de estrés por déficit hídrico para 2030.

El problema radica en la creciente brecha entre la demanda y la oferta del agua que, propiciada por una escasez hídrica debido factores climáticos como la irregularidad de las lluvias o el aumento de las temperaturas, hace que las poblaciones con alto déficit hídrico solo tengan acceso a 1300 metros cúbicos al año cuando para un bienestar humano básico se necesita un mínimo de 2000.

 Un ejemplo de esta gran brecha se da en América Latina, cuya demanda de agua creció durante el siglo pasado el doble de lo que lo hizo la tasa de población.