Por: Maylen Paz Treto

Fotos de la autora


Lejos de parecer un lugar de veraneo la playa Uvero de Sagua la Grande es todavía el sitio donde pocos exhiben ropa de baño y se dedican al esparcimiento.

Los martillos y sierras no molestan porque así suena la recuperación, y satisface a cada uno de los amantes del lugar, que se empeñan en resarcir los daños que la naturaleza les ocasionó.

A casi dos años del devastador ciclón Irma, Uvero se levanta, tal vez por el histórico antagonismo de la pasión contra la razón.

Este verano algunos terminaron con las labores constructivas y merecen unas vacaciones luego de tanto trabajo, y los que no han terminado a ratos se benefician del mar y sus bondades.

Lo que tienen en común es el sueño de que un día vuelva todo a ser como antes.

Cuando conversamos con Carlos Jesús Pérez Sosa,  administrador del Caney,  declara: «la playa no está abastecida completamente, de lo poco que está entrando al municipio nos está llegando algo, semanalmente ha entrado pollo, picadillo de pollo, tocineta y lomo . Yo creo que lo que más nos afecta son las actividades recreativas en otras partes como Isabela de Sagua, Sitiecito que hace que los recursos destinados a nosotros sean menos. No obstante, el Caney está prestando servicios por pedidos antes de las 10:00 am, lo que ha tenido aceptación. A pesar de la escasez de cubiertos, los comensales se sientan y degustan de sus cajitas».

 

Por su parte, el cocinero Urbano Petisco Suárez, quien reside hace 20 años en la playa, opina: «Hoy solo tenemos para ofertar congris y carne de puerco, aunque lo que más nos golpea es la falta de bebidas». También confesó, con la pasión que caracteriza a un residente del lugar, que se siente que su playa está “echada a un lado”.

Mabel Suárez no es residente permanente en la playa, pero visita mucho el lugar. Cuando le preguntamos si el verano en Uvero cumplió con sus expectativas respondió: «Sí y no. Digo esto porque  hay días en que no hay camión y el terraplén está en muy malas condiciones, eso nos afecta mucho».

Por otra parte, Luisa María Tápanes está pasando unos días en la playa con su familia y está sorprendida con el buen servicio gastronómico que ofrece el Caney, que incluso tiene un horario amplio, desde horas tempranas de la mañana hasta altas horas de la noche, como nunca ella lo había recordado. Además resalta que en la posta médica están garantizados los recursos para asistir a los pacientes en caso de accidentes o enfermedades. Pero le queda la insatisfacción de que se prometió que se iba a arreglar el camino y todo se quedó en palabras.

Otros, como Damayanti Rodríguez Rodríguez expresan que el verano en Uvero no ha cumplido con sus expectativas, entre otras razones, alega que casi todo es particular, y a sobreprecio, porque  no hay carpas con otros productos de primera necesidad.

«Según el gobierno del territorio todo estaba planificado, desgraciadamente  el país se ha visto limitado y el arreglo del camino y otras intervenciones de las que se habían hablado en la playa para mejorar el servicio se han visto afectadas, es por eso que el trabajo por cuenta propia se ve bastante» —declaró el vacacionista Gaspar Rivero Muse, quien además declara convencido que la playa Uvero es prácticamente asegurada por la misma familia. Y todavía recuerda con agotamiento en sus palabras el gran esfuerzo que realizaron hace unos días los vecinos de La Botella para recuperar el muelle que les da acceso a sus casas.

Por su parte, los más jóvenes reclaman actividades recreativas que han estado ausentes, hasta los mayores se suman al clamor, porque la animación los hace recordar que están en etapa estival.

Cierto es que el país redobla esfuerzos para garantizar un verano feliz, pero, lamentablemente los vacacionistas de la playa Uvero han quedado con algunas insatisfacciones.

Ellos esperan que todo mejore en la próxima etapa veraniega, porque Uvero es “la playa de los sagüeros”.  

 

Un poco de historia

Fotos tomadas de internet

A mediados del siglo XIX sagüero, cuando la producción del azúcar era un eslabón básico en toda Cuba, se hicieron las modificaciones necesarias para facilitar su producción y su transporte. Uno de los casos fue la construcción de embarcaderos en las costas como el que se situó en la punta del Uvero para transportar el producto del antiguo ingenio Armonía.

En función de ello se construyó una línea ferroviaria de vía estrecha mediante cigüeñas y cascales. Esta vía y el transporte particular eran los únicos medios para llegar a Uvero, sitio que, a pesar de presentar condiciones abruptas para el poblamiento, mostró evidencias que suponen asentamientos en las márgenes y marismas de esta zona costera desde el propio siglo XIX.

Se cuenta que en las dos primeras décadas del siglo XX solo allí llegaban por tierra aventureros, cazadores y pescadores que, con mucho conocimiento, envestían contra del tortuoso camino entre los montes, y algún que otro playero que pasaba su exótico domingo en esta playa tan escondida.

Las condiciones del camino mejoraron cuando, en 1934,  por iniciativas de la señora Alejandrina Núñez de León, directora y maestra de Sagua, se creó la “Colonia Infantil de Playa Uvero” que convocó un grupo de jóvenes que emprendieron junto ella esta empresa benéfica que consistió en talar, chapear y rellenar, para que el camino fuera transitable, aunque nunca óptimo, por la irregularidad propia de un terreno fangoso.



Según la revista “Recorriendo Sagua (descripciones históricas)” redactada por Pedro Marino Ruiz Rojas y publicada en el año 1939, se confirma el uso y el apoyo brindado por el Teniente Coronel Gómez  Gómez, jefe del Distrito Militar de Santa Clara al centro de esta Colonia Infantil de Verano.



En la misma, también se refiere a la mejora de las condiciones naturales del lugar para poder ser utilizado como balneario, ya un poco más sofisticado. En el proceso de ampliación de esta playa se siguieron levantando obras, que por aquel momento aún eran pocas.

Lo cierto es que, poco a poco, se comenzó a crear la infraestructura necesaria para la comodidad de los visitantes del lugar. El trencito hacía su  recorrido desde la estación inicial ubicada en la  esquina que  forma la carretera de Resulta y la avenida de Gómez (frente al colegio de los Jesuítas), y pasando por el “Central Resulta”, seguía hacia la costa para encontrarse con la improvisada playa de los sagüeros.



A finales de la década del 30 ya comenzaron a verse casas rústicas que se fueron asentando en la entrada y para finales de la década del 40 y en la del 50 comenzaron a constituirse los barrios de la playa. El primero fue el de La Botella.

 

Poco a poco las personas fueron haciendo sus casas unos en la arena, otros en pilotes y algunos que vivían en la entrada levantaron sus propiedades y se mudaron más a la orilla. Los caminos de arena y piedra fueron remplazados por los de estacones, cargaderas y tablas, formando una estructurada red de pasajes para la comunicación entre los vecinos.

Pero los eventos meteorológicos de 1855, de 1886 y el de 1888 afectaron considerablemente las pocas construcciones existentes en el Uvero, que siempre fueron proclives por la cercanía de sus construcciones a la orilla.  Pero siempre se volvían a levantar.



Algunos expresan que Uvero fue un Ave Fénix salida del fuego de las tormentas y vicisitudes que le han sobrevenido a lo largo de los tiempos.

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