Por: Diana Guirola de la Fuente

 

Tesoro de los remedios del alma llamaban en Egipto a las bibliotecas, esos centros de educación que nos permiten acercarnos a gran parte del conocimiento acumulado por la humanidad.

En Cuba, de disímiles maneras se honra a los hombres y mujeres que contribuyen a la promoción de la cultura y el saber, sobre todo cada 7 de junio, Día Nacional del Bibliotecario, instituido en esta fecha en honor a Antonio Bachiller y Morales, primer bibliógrafo cubano.

La función social del bibliotecario ha estado tradicionalmente vinculada a la promoción del saber, la cultura y la literatura. A su tradicional trabajo se suma una amplia labor de extensión cultural, como sucede en Sagua la Grande.

Ellos llegan, con el libro y la literatura a escuelas, centros asistenciales y de salud, barrios y disímiles espacios de la geografía local, en muchas ocasiones distantes del centro de la ciudad.

La biblioteca pública Raúl Cepero Bonilla acoge también talleres literarios y de artesanía popular; organiza tertulias sobre el libro y sus autores; auspicia concursos; promociona círculos de lectura en instituciones escolares, y es centro obligado de consulta pues es depositaria de cientos de piezas, entre libros, publicaciones periódicas, revistas, manuscritos, fotografías, carteles, mapas, así como discos y  partituras de alto valor patrimonial.

Junto a cada investigador, estudiante, o creador siempre está el bibliotecario. Ellos ofrecen el consejo certero y oportuno. Con su labor, callada pero precisa, también se difunde y conserva la cultura sagüera, cubana y del mundo.