Por: Diana Guirola de la Fuente

 

Los cadenciosos acordes de Awwó Aché estremecieron el Centro Recreativo La Casona de Sagua la Grande con una fuerza cautivante que a muy poco dejó inmovibles.

Invitada a amenizar la última Tarde de la rumba, los toques y cantos de la agrupación folclórica santaclareña resonaron en el corazón de una ciudad que se distingue por una cultura que no desprecia ninguno de sus valores identitarios.

 

 

Mucho tienen que agradecerle las Tardes de la rumba a Pablo López de la Paz, el incansable Pablito el rumbero, quien se ha encargado con su talento y perseverancia de poner al género en el lugar que merece.

Y no se trata de una cuestión de moda o embullo pasajero, quizá por la inclusión de la rumba como Patrimonio cultural, inmaterial de la humanidad. No, la rumba en la Villa del Undoso cuenta con un público amplio y diverso que la sigue, la mejor prueba es la asistencia masiva de locales y no como espectadores apacibles sino en sano disfrute de un ritmo contagioso lleno de gracia, sensualidad y esplendor.

Si bien no es única la experiencia sagüera, demuestra que en este terruño las Tardes de la rumba se han convertido en un hecho cultural vivo que llega a nuestros días por la tradición folclórica popular que pasa de una generación a otra de sagüeros que cantan, bailan y gozan la rumba.