Tomado de Vanguardia
Juventud no siempre es sinónimo de inexperiencia, ni de andar desnudos de responsabilidades. Lo digo porque, en ocasiones, en el mercado laboral hay una tendencia maníaca a endilgarles ciertos reproches a las nuevas generaciones, ciertos mitos. Y las riendas del trabajo que debieran llevar para crecerse son «postergadas» temporalmente por sentimientos excesivamente paternalistas.
Lisbet Pérez Roque. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Tanto así es, que hoy día más de 250 jóvenes se encuentran diseminados en los más variados escenarios de ese campus industrial. Lisbet Pérez Roque, graduada de Ingeniería Química en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas desde 2015, actualmente tecnóloga de procesos industriales del área de celdas electrolíticas, realiza una función que le permite velar por el cumplimiento de los parámetros del régimen de operaciones.
Juan Alberto Lara, joven trabajador la Empresa Electroquímica de Sagua la Grande.
«Me gustó esta plaza porque puedo ejercer mi carrera, poner en práctica todo lo teórico que aprendí». Pérez Roque añade que siempre estuvo consciente de los riesgos que corría al estar expuesta a productos nocivos, como el mercurio y el cloro líquido. «Debido al riesgo químico se requiere de responsabilidad. La mayoría de los jóvenes que llegan vienen de la calle o del pre con la idea del juego del celular. Por eso hablamos mucho y les hacemos conciencia sobre las precauciones que demanda este trabajo».
Asimismo, quien se desempeña como supervisora de los tecnólogos explica el flujo de trabajo de los nuevos ingresos y la necesidad de matricular cursos de habilitación. Luego de ser aprobados, se incorporan a trabajar y son supervisados por los especialistas de cada área.
Juan Alberto Lara Gómez, técnico clínico de ensayo físico analítico en el laboratorio de la empresa, cuenta que su trabajo consiste en certificar la calidad necesaria, según la norma cubana, para la venta de los productos. Noche y día, en turnos de 12 horas corridas, cuatro analistas dan cumplimiento a una tarea que resulta vital en la instalación.
Por su parte, Lester Ibáñez Arango comenzó a trabajar en el centro con solo 18 años. Aunque estudió obrero calificado en Soldadura, nunca ejerció el oficio. «Ahora estoy estudiando Ingeniería Química en la sede universitaria de Sagua la Grande. En la planta nueva trato de superarme en tratamiento de aguas».
Léster Ibáñez Arango, joven trabajador la Empresa Electroquímica de Sagua la Grande.
Ibáñez también pertenece a la brigada de salvamento. «Estamos para lo que haga falta, cualquier salidero u otro hecho. Aquí no se puede tener miedo», comenta mientras nos cuenta una de sus vivencias, evitada gracias a la rapidez del equipo de emergencia. Su familia está muy orgullosa de los nuevos caminos profesionales.
«No todo es trabajo. También conversamos, nos reunimos y hacemos actividades de interés para nosotros», explica Yusniel Mesa Villavicencio, jefe de turno de seguridad y protección, también secretario del comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
Juventud, bendito tesoro, siempre que esté acompañada de ganas de hacer, de formar hombres que aporten bienes y saberes a este pueblo: eso han demostrado los jóvenes de la Villa del Undoso. Por ellos y los que están por venir, por la necesidad de que logren el placer de sentirse útiles e imprescindibles para la patria, se les ha de abrir las puertas sin recelo ni desconfianza.
Tomado de Vanguardia http://www.vanguardia.cu/villa-clara/13687-jovenes-sagueeros-continuidad-y-confianza












