Por: Bárbara Fortes Moya
Nuestro himno nacional está estrechamente relacionado con importantes acontecimientos de las luchas por la independencia de la patria. Con él, Bayamo, un pueblo de larga tradición revolucionaria, sería llamado a convertirse en fuente de ideales libertarios.
El título original fue La Bayamesa, con el propósito de evocar La Marsellesa, que en aquella época era considerada como símbolo de rebeldía; el compositor bayamés, se inspiró para crear su composición después del fracasado golpe a Yara.
Bayamo era el escenraio decisivo del triunfo o la derrota. La toma de la ciudad era un hecho consumado frente al empuje revolucionario, los compases del himno nacional como llamada al combate, se dejaban escuchar por las calles bayamesas.
El pueblo no dejaba de entonar la música de la marcha guerrera y la multitud no conforme con la música comenzó a solicitar con clamor unánime y allí mismo, montado en su caballo, escribía el patriota bayamés la letra del himno cubano, al rato el pueblo lo cantaba.
A causa de la guerra se perdió la partitura original de nuestro Himno, pero, el canto de dominio popular, mantenía viva la tradición oral, aunque su música sufrió variaciones y a medida que iba madurando la conciencia nacional y perfilando el carácter revolucionario, no tenía razón de exisitir la atmósfera musical evocativa del himno de la Revolución Francesa.
De las cinco estrofas iniciales perduraron como letra del himno nacional las dos primeras. Estas, fraguadas al ardor revolucionrio, perdura como símbolo y guía que nos enseñó a querer y defender la bandera de la estrella solitaria.
Al instituirse el Día de la Cultura Cubana el 20 de Octubre de cada año, fecha en que se conmemora la primera interpretación pública del himno nacional en Bayamo, en 1868, devenido en un canto de amor a la libertad de la patria.












