Por: Bárbara Fortes Moya
Cuando conversé el 13 de agosto último con el sagüero Marcelino Rodríguez Bouza, se sentía inmensamente feliz porque Fidel cumplía 90 años. Recordaba con hablar pausado y tono bajo, que constituyó una sorpresa muy grande, inesperada, en aquella ocasión, la presencia del líder de la Revolución en el acto, y que le impusiera en su pecho la medalla de vanguardia nacional en 1964: "Tuve la dicha de saludarlo, y el inmenso orgullo de haber estrechado su mano firme y cálida, porque no todos tuvimos esa oportunidad".
Ahora está consternado el sagüero, ferroviario de pura cepa, quien exhibe con orgullo humilde, en la sala de su casa, hace ya más de cinco lustros, el cuadro que rememora el instante inolvidable, uno de los más importantes de su vida, que atesora la imagen junto a Fidel. "Este cuadro para mi es un gran regalo de la vida, y estará siempre conmigo".
"Es una manera de recordarlo vivo, porque no se ha ido, siento el calor de su mano en la mía, que me insufló energía para trabajar con ahínco y ofrecer desde mi puesto de mecánico de locomotoras, mi modesto esfuerzo para el bien del ferrocarril".
Una gran alegría lo embargaba hace sólo tres meses y medio, porque el Comandante invicto, celebraba nueve décadas de vida y afirmaba con devoción: "Lo único que quiero es que Fidel dure muchos años más, con salud y fortaleza”. Ahora está triste, no puede ocultarlo, pero con voz entrecortada con sus 83 años a cuestas, reafirma "Siempre guardaré en mi corazón el momento inolvidable, en que lo conocí personalmente".
Marcelino, sabe que Fidel no estará más físicamente entre los cubanos que como él supieron apreciar la grandeza de este hombre, feroz y aguerrido en el batallar de la vida, pero tierno y amable a la vez, que supo unir a todos los cubanos con inmenso amor. Al despedirme, susurra: "Pa´lante, Comandante en Jefe, ORDENE."












