Por: Liz Martínez Vivero
Lianet tiene 14 años y un montón de sueños. La conocí por casualidad y me sorprendió su decisión irrevocable de ser madre.
"De hecho, ya lo soy, desde que el bebé empezó a crecer dentro de mí me siento como tal. Ahora esta libreta de versos será para ella."
¿Cómo sabes que será niña?- quiero preguntarle pero no me da tiempo, de inmediato enumera, por orden de preferencia, la extensa lista de nombres.
"Aún no me decido. Tengo que consultar con el padre ¡claro!. Él quiere que sea varón para enseñarle a jugar fútbol y un montón de cosas más. Vamos a ver qué pasa."
Según datos registrados en el Anuario Estadístico de Salud, la tasa de fecundidad en menores de 20 años es de 51,6 % por cada mil mujeres de ese grupo de edad, más del 15 % de la fecundidad total del país.
Estas cifras ocurren a pesar de la voluntad del país que prioriza la salud y educación sexual como reproductiva en las adolescentes y jóvenes. También especialistas radicados en las Casas de Orientación a la Mujer y a la familia tienen la misión de aconsejar a las futuras madres sobre el momento propicio para la concepción.
Es usual que los casos de adolescentes embarazadas tengan una mayor incidencia en las zonas rurales pero en los últimos años también las ciudades han tenido una alta prevalencia de esos indicadores.
La ingenuidad propia de esa etapa de la vida, la desinformación y el convencimiento inmaduro de que nada malo puede ocurrir, llevan a no pocos adolescentes a iniciar sus relaciones sexuales sin la debida responsabilidad que conlleva esa decisión, sobre todo porque de ella pueden derivarse situaciones de riesgo para su salud y en idéntica medida, la inesperada concepción.
Jóvenes como Lianet, ponen en pausa sus estudios y reciben la ayuda necesaria para llevarlos adelante. Tal es el caso de Yeni, quien hace 17 años sostuvo, por primera vez, en sus brazos a su pequeño Yasmani.
Entrevistada por la web de Radio Sagua dejó entrever que, por supuesto, las dificultades propias de adelantar este período de la vida, el de la maternidad, no le estuvieron ajenas.
"Fue complicado. Estaba estudiando en el preuniversitario. Recibí apoyo de mis padres sobre todo y pude seguir adelante. Actualmente cumplo misión internacionalista en Brasil porque pude convertirme en médico. Únicamente fue posible en un país como el nuestro donde la maternidad y la infancia son una prioridad."
Su consejo no falta para los que ahora pasan, más o menos, por circunstancias similares.
"Recuerdo que la timidez fue lo que impidió que conversara a tiempo con mis padres. Aquí está mi hijo, convertido en un hombre y no lo lamento, pero cada etapa tiene su encanto. Apresuré muchas cosas debido a mi inexperiencia y actualmente puedo decir que es mejor precaver, no porque venga el lamento, un hijo es el mayor regalo, sino porque quizás a otros les sea más complicado terminar de estudiar o emprender la crianza de un bebé."
