Tataranietas le alegran la vida. (Foto: Diana Guirola de la Fuente)
Con 105 años cumplidos, la sagüera Delia Rodríguez Soa, desborda felicidad por su extensa descendencia y por vivir en Cuba socialista.
Por: Diana Guirola de la Fuente
A Delia Rodríguez Soa la conocí por casualidad. Desandaba las calles de Villa Alegre cuando una algarabía centró mi atención y la de todo el que transitaba la barriada de Sagua la Grande.
Hombres, mujeres, niños, jóvenes… una multitud se reunía alrededor de la anciana que radiante de felicidad, sonreía. Observé la escena, como quien mira los toros desde la barrera. En los ojos de quienes, sin dudas, eran descendientes de la señora, vi dulzura, agradecimiento, amor…
La entrevista se hizo imprescindible. “Nací el 11 del mes 11 del año 11” - fue lo primero que dijo- “así que saque cuenta y verá, voy a cumplir 106 años”.

Los recuerdos se hicieron palabras con facilidad. (Foto: Diana Guirola de la Fuente)
La centenaria mujer pletórica de entusiasmo habló de su prole: 10 hijos, 41 nietos, más de 50 bisnietos, alrededor de 30 tataranietos y hasta un chozno.
Delia rememoró su infancia en el barrio de Coco Solo, el mismo donde jugó descalza con Wifredo Lam. Conversó de su adolescencia difícil, colmada de penurias; de su casamiento para atenuar un poco la miseria; de su esposo, estibador en el puerto de Isabela de Sagua.
Y habló de Fidel. “El hijo que aun lloro y al que agradezco todo lo que tengo”. Hizo una pausa, la única de la conversación, para enjugar las lágrimas que brotaron de sus nublados ojos grises.
“Gracias al Comandante, mis hijos y mis nietos estudiaron y se hicieron médicos, maestros, ingenieros, enfermeros, hasta un bailarín hay en la familia; y uno de mis hijos, formó parte de la escolta personal del Comandante”.
Entre el recuento de tantas historias, de las canciones y poemas que todavía recuerda, Delia también evocó al Che: “Aquí lo tengo, siempre conmigo”, y apuntó a la foto que adorna la sala. “Hombre grande y amigo de Fidel”.

"El Che, siempre conmigo". (Foto: Diana Guirola de la Fuente)
Aunque nunca pudo recibir lecciones, Delia aprendió como pudo, a leer y escribir. A sus 105 años aun gusta de sacar cuentas y así demuestra la buena memoria que posee. Es alegre, optimista, servicial; sus vecinos la quieren y respetan.
¿Y cuál es el secreto de tan larga vida?, indagué curiosa antes de la despedida. La respuesta ágil de la anciana no se hizo esperar, “a la felicidad de vivir en Cuba”.

Una nieta y un bisnieto conforman su hogar. (Foto: Diana Guirola de la Fuente)
