Por: Liz Martínez Vivero

No podría asegurar con la precisión de un reloj suizo cuando fue la primera vez que lo vi. Sin embargo, un sucinto examen, grabadora en mano, me permitió comprobar la veracidad de un criterio: Elpidio Valdés es un nombre inolvidable en la memoria colectiva de Cuba y de los cubanos.

De personaje secundario a héroe

Nacido en 1970, más específicamente en la Revista Pionero, al principio, el mambí que hoy conocemos, en verdad era un personaje secundario en la historieta del samurái Kashibashi.

De acuerdo con una entrevista que ofreciera a La Jiribilla Juan Padrón, su padre “biológico”: «Le puse Elpidio Valdés para que se pareciera a Cecilia Valdés, y lo dibujé a la primera, sin boceto. El protagonista era Kashibashi, pero este tipo (Elpidio), las cosas que decía, que yo hacía que dijera, me eran mucho más simpáticas que las del japonés. Entonces viré las 12 páginas que tenía “boceteadas” y empecé toda la historia con Elpidio como protagonista»

Como todo lo que empieza, al principio es inevitable que aparezcan los escépticos e incluso quiénes no doblen apuestas por el nuevo proyecto. Según declarara el historietista Jorge Oliver en el documental Eso habría que verlo compay, del realizador Ian Padrón (hermano mayor de Elpidio): al principio nadie apostó a las patas de ese caballo, era simplemente un personaje más.

Para el beneplácito personalizado, no únicamente de mi generación, el desaliento no hizo en mella en ninguno de los iniciadores del proyecto.

En el material audiovisual de Ian, el desaparecido Ernesto Padrón dio a conocer que la transformación se inició en el momento en punto en que pasó a convertirse en una historia épica, como quiera que abordaba al menos en su contexto, un suceso real. Para más señas ambientado en las luchas libertadoras contra el colonialismo español.

Caeríamos entonces en las arenas movedizas de la injusticia sino hiciéramos mención al arduo trabajo de Juan Padrón, quien se percató de inmediato que existía muy poca información relacionada con el armamento o la propia vestimenta del Ejército Español.

 

Una verdadera clase de historia

 

De esta suerte, para realizadores y espectadores, cada episodio de Elpidio Valdés resultaba una verdadera clase de historia. Así lo recuerda Juan Padrón.

«Con la creación de Elpidio Valdés quise enseñar a los niños cómo fue la guerra de Independencia. Ni siquiera yo tenía una idea clara al iniciar el proyecto. Cuando quise dibujar a un soldado español, no sabía cómo era el uniforme. Sí que conocía cómo vestían los comanches y el Séptimo de Caballería gracias a películas y cómics, pero como sobre Cuba no se hacía nada, la gente lo desconocía por completo. Ahora, gracias a Elpidio, los cubanos conocen mejor su propia historia».

 

Así fueron naciendo, en la historieta, los diferentes personajes coprotagónicos. De hecho, la capitana María Silvia nació de la imaginación de las niñas, que enseguida aportaron sus ideas para elaborar el perfil estético de la novia de Elpidio.

El año 1974 marcó su debut en el cine. Realizado a cuatro manos, entre José Reyes y Juan Padrón, vio la luz el cortometraje Elpidio Valdés contra el tren militar.

En aquella época no existía la tecnología digital así que el trabajo era mucho más arduo, había que dibujar 24 imágenes para un segundo en pantalla.

Juan tenía a su cargo también los guiones, cada una de las hilarantes historias repletas de humorismo cubano, sin caer en frases trilladas ni en chistes repetidos por algún que otro antecesor. Hasta Palmiche, el caballo naranja manchado y fiel acompañante de nuestro héroe mambí, con meticuloso detalle fue elaborado también a partir de cánones que sentaron un basamento.

Me permito citar al colega Justo Planas cuando plasmara para el portal Cubaahora: «Padrón ha demostrado ser un verdadero genio en los patrones cubanos, para crear situaciones de choteo, tan creativas que los espectadores se las han apropiado, las cuentan una y otra vez en reuniones de amigos y se ríen al escucharlas. Los parlamentos de la saga tienen tal brillo que uno se los termina robando y los calza en cualquier conversación, en cualquier lugar».

Grandes y chicos se congregan con idéntico júbilo frente a la pequeña pantalla. No es un asunto de este año, hace 45 que Elpidio Valdés logra ese efecto. Llegó para quedarse, por muchas generaciones en las memorias colectivas de quiénes, como Carlos Varela, no tuvimos Superman y añadiría ni Linterna Verde, ni Batman, ni Flash, pero no hizo falta. Parte indisoluble de nuestras vidas es Elpidio Valdés.

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