Por: Liz Martínez Vivero
En verano, muchos miembros de la familia coinciden en el hogar, como en el 31 de diciembre casi todos se ponen en función de los comestibles.
He recordado letras de algunas canciones relacionadas con comidas, si bien no necesariamente con el puerquito nuestro de cada diciembre.
Platos musicales
Nadie podrá negar entonces que la caldosa también tiene un merecido lugar en la mesa nacional. Un matrimonio tunero fue el responsable del legado inmenso, musicalmente hablando, de una receta del suculento plato que suele servirse, sobre todo, en las fiestas cederistas.
Una breve búsqueda en San Google me ha permitido comprobar que en los años 80 del pasado siglo casi no hubo medio de prensa cubano que no contara la historia de “La caldosa de Kike y Marina”, cuyo primer capítulo sucedió el 25 de julio de 1979, cuando el profesor de Biología Rogelio Díaz Castillo y otros vecinos del reparto Pena saborearon la inspiración de la canción, ofrecida por José Enrique Pérez Rodríguez y su esposa Luz Marina Zaldívar Calzadilla.
Luego vendría el lanzamiento por Inocente Iznaga, el Jilguero de Cienfuegos, quien sin dudas la llevó a planos estelares, eternizando también las propiedades “milagrosas” de aquel preparado a base de gallina, yuca, plátano, malanga, papa y otros disímiles ingredientes que acabarían con nuestro bolsillo hoy día.
Más de quince intérpretes reconocidos han entonado esta melodía. Una de ella, la actriz Aurora Basnuevo, lo hizo en África, y grupos extranjeros también se contagiaron con la pegajosa letra, como fue el caso de The Latin Brothers.
Por supuesto, otros platos también han merecido nuestro reconocimiento. En lo personal, coincido con el periodista Luis Sexto cuando acuñaba que si comemos comidas prehistóricas, ¿habrá que comer una tortilla a base de huevo de dinosaurio para que empecemos a creerlo?, según se cuestionaba en una de sus crónicas en primera persona.
No hay que llegar a tanto, baste recordar el casabe y por supuesto, los tamales de nuestros aborígenes, que estoy segura no llegaban ni al tobillo de los que prepara mi señora madre. Y aunque no probé los de Olga la tamalera, me llegan referencias cantadas por la Orquesta Aragón, que entonces tenía el nombre de Orquesta Típica Cienfueguera.
Para mi asombro, descubro que Olga no vendía su manjar por la calle, ni siquiera de puerta en puerta como ocurre en todos los rincones de Cuba. No; su categoría la proveía de otras facilidades para la venta. ¡Se los encargaban con anticipación para bodas, cumpleaños y todo tipo de festejos!
Según sé, estaban elaborados a partir de harina de maíz tierno; lavaba la amarillenta masa hasta despojarla de la pajuza blanquecina que dejaba la cáscara del maíz al rallarlo en el guayo; lo sazonaba a su manera, le agregaba carne molida de cerdo y un toquecito especial de sal y pimienta. Envolvía habilidosamente la mezcla en hojas del mismo maíz y los ponía a cocinar en agua hirviente.
Al final Olga lograba unos tamales en hoja exquisitos, muy diferentes de los que expendían en las fondas y cantinas a domicilio. ¡Mmm, casi el mismo procedimiento que emplea mi mami!
La fama de ella, la de Olga por supuesto, trascendió hasta Cienfuegos y La Habana, aunque ella era natural de Cruces.
Así como esta pequeña demarcación de la Perla del Sur, también Catalina de Güines fue lanzada a planos internacionales por el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. Una canción en honor a las butifarras del Congo se encargaría de los honores. ¿Quién se lo hubiera dicho al autor culinario? Porque el Congo había nacido esclavo y en libertad se dedicó a contagiar con su receta a ilustres personalidades que llegaron hacia ese rincón de la Carretera Central para seguir al pie de la letra el consejo de un estribillo.
¡Échale salsita!, cantó el Septeto y no pudieron hacer menos ilustres personalidades como Esther Borja, Ñico Membiela, Bola de Nieve y Fidel, seducidos por los encantos al paladar de aquellas butifarras de ensueño.
Y así, en su afán de eternizarlo todo, la música nos dejó en la memoria tres platos representativos de nuestra cultura culinaria. Desde el Balcón del Oriente Cubano, con la caldosa de Kike y Marina, ¡qué bien se camina! En el centro del país a Cienfuegos, específicamente a Cruces, toca el privilegio de determinar si pican o no los tamalitos que vende Olga, y en Catalina de Güines, actual provincia de Mayabeque, la invitación es a zambullir las butifarras en la suculenta salsita.
