Por: Liz Martínez Vivero
Carmen Ribalta entre Clara Barton y Martí se ha convertido en la dirección de los desarmes. De aquí para allá, la pizzería Porto Fino, el Coppelia , la Casa de la Cultura y por supuesto, el Hotel Sagua han sido sometidos a diferentes intervenciones quirúrgicas si bien no todas han obtenido el feliz término.
El octogenarioTeatro Alkazar es el único que, al parecer, ya damos por perdido. Excepto los honores de unos cuantos que, en sus escalones, desarrollan pacíficos debates a nadie más parece preocuparle. Duro de pelar como es, se mantiene en pie seguramente desprovisto ya de sus 784 lunetas y de aquel amplísimo escenario que prestaba sus tablas a las funciones teatrales.
Ahora, sin el cine y sin el teatro, hay que conformarse si ningún conjunto teatral llega a la Villa del Undoso. Ni por su condición de villaclareño el festival Humor sin Sombrero nos hace los honores. Repito, hay que conformarse.
Por otra parte, aplaudo los intentos de que la Pizzería y el Coppelia cuenten con mejor estética y ¡hurra! también por la climatización. Auguro que, una vez terminados se llenarán de sana alegría y ella nunca sobra.
Al transitar por la citada arteria es normal que se sienta la caída de los escombros del Hotel Sagua. La pequeñísima brigada que acomete la obra se presta a cumplir en tiempo todos los plazos, aunque, lo dicho: la escasa mano de obra puede ser un hándicap que ocasione algún incumplimiento.
No obstante la intensa polvareda y el consabido ruido de tanto desplome, los sagüeros agradecemos la elección de Villa Clara el próximo año como sede de la Feria Internacional del Turismo.
Para esa fecha todo debe estar terminado, al menos en papeles es lo que consta. El que fuera uno de los hoteles más lujosos de la República volverá a prestigiar el paisaje citadino de esta ciudad que se niega a envejecer aunque sus edificaciones apunten en un sentido contrario.
Nuestro portal web se acercará a la historia de algunos de estos emblemáticos sitios y detallará pormenores de su situación actual.
