Por: Liz Martínez Vivero

 

Es la hora. Se cumplen 50 años exactos, con sus días, con sus noches, y con el dolor intacto.

Lo he dicho antes de muchas veces y de diversas maneras. El cuerpo humano no tiene ni una sola partícula en el cuerpo que le prepare para decir adiós. De modo que cuando alguien se va, terminas resignándote a una herida abierta que corre el riesgo de desgarrarse en las fechas simbólicas pero ¿qué hacer, si todos los días, a todas horas sigues pensando en el Che?

La filosofía, muchas veces ayuda al hombre a pensar en sus problemas, a pensarlos a veces de manera poética no siempre con la respuesta en la mano. En un autoengaño consciente empezamos a inventar excusas a través de los recuerdos de otros, los que estuvieron cerca.

Si me preguntan por qué escribo hoy del Che la respuesta rápida es porque mis padres me enseñaron a amarlo. Ahora tengo casi 28, lo veo padre, enamorado, ministro, soldado, aventurero, estratega, hombre de acción, hombre multiplicado.

Por supuesto, no conocí al Che. Me queda el periodismo y las búsquedas insaciables en todas las páginas web del mundo para entender su entrega que es la misma historia de su existencia toda.

En esos casos en que la muerte es vida… también el Che amanece cada junio y cada octubre mil veces multiplicado. Va a ser verdad. Hay gente que no muere nunca, y que como las estrellas (parafraseando al poeta) cuando se cortan en pedazos son pie forzado, si se colocan en al agua, para que nazcan nuevamente.

                                                                   Foto: Tomada de internet

El 23 de noviembre de 2014, Mario Terán, el soldado que disparó al Guerrillero ofreció declaraciones de aquel hecho.

«Cuando llegué, el Che estaba sentado... Al verme me dijo: "Usted ha venido a matarme". Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Yo no me atrevía a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande. Sentía que se me echaba encima y cuando me miró fijamente me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido podía quitarme el arma. "Póngase sereno, usted va a matar a un hombre". Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che cayó al suelo con las piernas destrozadas, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en un hombro y en el corazón...".

 

                                                                  Foto: Tomada de internet

Me viene a la mente entonces, la teoría del eterno retorno que preestablece que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente. Si vuelve a nacer el Che, en Rosario Argentina, si mantenemos vivo su legado inmenso, aunque no creo en la filosofía me gustaría creerla.