Por: Liz Martínez Vivero

 

Amanece otro 17 de  octubre. Hace 20 años de tu llegada a tierra villaclareña y la evocación inevitable, como tu recuerdo, vuelve a golpearnos en el rostro pero acompañada por la certeza inequívoca de que estás más vivo que nunca.

No es un recurso mediocre para combatir tu desaparición física. No. Es la verdad más absoluta de todas las que podemos esgrimir en los días difíciles y en los más felices que devuelven la posibilidad de seguir tu ejemplo y constituir al hombre nuevo, basados en tu estirpe.

Nadie puede relegarte, porque como dijera el poeta te vemos cada día ministro, cada día soldado, cada día gente llana y difícil, cada día en el rostro de los niños que eligen tu camino, ahora más simple porque lo acomodaste para ellos.

¡Ay Che! Tu querida presencia que regrese cada junio, y cada octubre y todo el año para que te sigas multiplicando, para que no te dejemos caer en un saco de olvido ni de pretextos, si acaso alguno, para que sigas alimentando nuestras ansias de levantarnos, todos los días con tu mismo esfuerzo asmático para desandar todas las cordilleras y caminos escarpados, que intenten disminuir nuestra marcha.

Me quedo entonces, también este día con la seguridad del poeta “Cuba te sabe de memoria. Rostro/ de barbas que clarean. Y marfil/ y aceituna en la piel de santo joven./ Firme la voz que ordena sin mandar,/ que manda compañera, ordena amiga,/ tierna y dura de jefe camarada./ Te vemos cada día ministro,/ cada día soldado, cada día/ gente llana y difícil/ cada día./ Y puro como un niño/ o como un hombre puro,/ Che Comandante,/ amigo”.