Fotos: Diana Guirola de la Fuente

 

Por: Arelys Depestre Valencia y Diana Guirola de la Fuente

 

Las medidas de adaptación, mitigación y enfrentamiento a las nefastas consecuencias del cambio climático no son novedad en un país como Cuba donde, por ley y convicción, la sostenibilidad socioeconómica siempre se asocia al compromiso con el medio ambiente.

El Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático -conocido como la Tarea Vida fue aprobado por el Consejo de Ministros el 25 de abril de este año, desde entonces, como si la suerte estuviera echada, directivos y funcionarios del ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), investigadores y expertos en la materia, salieron a verificar in situ, cuán inmensa y necesaria es asumir esa estrategia de responsabilidad compartida y participación multiplicada cuando todos reconocen y aceptan su imperativo.

Factores como la alta vulnerabilidad de la Mayor de las Antillas, por el hecho de ser un archipiélago, su condición de pequeño estado insular y las valoraciones realizadas por especialistas indican que es precisamente el ascenso del nivel del mar el elemento que podría ocasionar los impactos más graves.


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Es imprescindible adaptarse o mitigar los efectos del cambio climático allí donde ocurren las penetraciones del mar por la subida de su nivel o por grandes olas, resultado de tormentas severas o ciclones.

Se ha observado gran variabilidad y en lo que va de siglo el país ha sido azotado por nueve huracanes intensos, hechos sin precedentes en la historia, tal es el caso del reciente huracán Irma que devastó el territorio cubano, fundamentalmente las zonas del litoral norte de la provincia Villa Clara, con énfasis en Isabela de Sagua.

 

 

 

 

La principal amenaza que enfrenta Cuba es el ascenso del nivel medio del mar, pues se estima este suba unos 27 centímetros para el año 2050, y 87 centímetros para el  2100, lo cual provoca la disminución de la superficie terrestre y la salinización de los acuíferos subterráneos.

Los estragos también son provocados por un clima cada vez más cálido y extremo. Las inundaciones costeras ocasionadas por la sobrelevación del mar y el oleaje, producidos por huracanes, frentes fríos y otros eventos meteorológicos extremos, representan el mayor peligro por la destrucción que ocasionan al patrimonio natural y al construido en esa franja.

La Tarea Vida contempla cinco acciones estratégicas encaminadas al ordenamiento de los asentamientos costeros y las tierras de uso agropecuario amenazadas, y 11 tareas priorizadas, en función de salvaguardar la existencia de los pobladores de esas áreas.

Los habitantes de Isabela de Sagua, con una larga historia de lucha contra ciclones y huracanes, no cesan en el empeño de preservar la vida y el esplendor del terruño.