Por: Liz Martínez Vivero

 

Maura Lig-Long Jorge no necesita mucha presentación en Sagua la Grande. Basta mencionarla para que sus muchos alumnos empiecen a recordarla frente al aula o en las enseñanzas sobre la vida misma. Y es probable también que precisamente ella sea, en la Villa del Undoso, de las personas que en más ocasiones tuvieron la oportunidad de dialogar con Fidel.

A partir del año 97 y hasta el año 2005, como parte del pueblo de Cuba, estuve y dialogué con el Comandante en Jefe más de una vez. Me iré de la vida con eso, junto con mi vida familiar constituye otro de los tesoros que guardo.

Dentro de esas muchas veces le pido que recuerde una para los lectores de la web de Radio Sagua. Accede con una sonrisa en los labios que de súbito delata su placer en dar a conocer aquella gratísima experiencia.

El 26 de julio del 2000 tuve la oportunidad de realizar un discurso en la plaza del Che, en Santa Clara. En ese momento tenía una situación personal complicada y nunca olvidaré la extraordinaria ternura y el tratamiento que se me dio para poder participar de esa tribuna. Fidel estaba en la primera hilera, lo miré todo el tiempo. Aquello, por supuesto, provocaba nerviosismo pero al mismo tiempo una extraordinaria seguridad. Insistentemente yo perseguía su mirada, aquella mirada que había estado junto a mí desde los 6 años.

¿Con esa edad lo viste por primera vez? (De antemano conozco la respuesta pero ella acepta mi pregunta-trampa)

No se hablaba tanto de él en la escuela pero había un cuadro a color que finalmente resultó ser la foto difundida cuando su fallecimiento. Él está imponente sobre la Sierra Maestra con un fusil al hombro en la plenitud de su estatura. Por la posición mía en la fila de primer grado, exactamente, tenía que caer mi mirada sobre la foto.

¿Qué significaba aquello para la niña Maura?

Es algo muy entrañable para mí, cada viernes, en el acto cívico,en mi lugar, en la solemnidad del himno y durante el acto cívico… todo el tiempo lo estaba mirando a él. Los niños más grandes estaban en el acto y yo no hacía más que mirarlo a él. Ahora entiendo que las características psicológicas propias de la edad cimentaron en mí un profundo anhelo de encontrarme con aquella imagen jamás olvidada, de alguna manera marcó también en mí el propósito de encontrarme con esa persona. Me convierto en maestra por un llamado de Fidel, puesto que fue una graduación nacional tuve la posibilidad de una proximidad física, la mirada de Fidel siempre ha tenido a lo largo de mi vida un significado personal, especialísimo.

¿Y en el acto de la Plaza?

Recién había llegado Elián a la Patria. Cuando estoy hablando me doy cuenta que le dice algo al compañero Miguel Díaz-Canel(entonces primer secretario de la provincia) y señala para mí. Eso me desconcertó un poco, pero pude terminar.

En la continuidad de su historia no me oculta su sonrisa, no viene programada pero simplemente, sin que ella lo sepa, me transporta a aquel momento donde seguramente también se le dibujó en el rostro.

Me sentí profundamente halagada porque en el momento de compartir con él, con una dosis de vanidad que permití el Comandante me dijo: “Ya sé quién eres, no tuve que preguntar por ti.” O sea, Fidel ya sabe quién soy, es algo realmente extraordinario, él lo dice en ese momento como algo muy natural pero después de los 40 años uno sabe que es lo grande y que no lo es.El hecho concreto es que nos habíamos visto en otras oportunidades. Nunca pensé que me fuera a decir eso, si me lo dijo es que era verdad.

Siempre preguntaba quiénes eran los que hablaban, su procedencia, donde trabajaban. Él me dio ese regalo. Es algo que puede resultar sencillo pero para mí tiene una enorme connotación.

¿Cómo viviste el 25 de noviembre, hace un año?

El 25 de noviembre de 2016, estaba durmiendo, llama una amiga a la casa y me suelta la noticia. Ese sentimiento que experimenté es difícil de describir, en primer lugar porque durante muchos años creí que era imposible, jamás nos pasó por la cabeza que él se podía morir. Sentí un desgarramiento muy hondo, en donde debe estar el alma, primero en el centro del pecho y luego va al estómago. (Me muestra físicamente el lugar exacto)Eso sintió mi cuerpo pero mi cerebro sintió que había algo que terminaba para mí, una persona amada a la que no voy a ver más, todo lo de la perdurabilidad viene después. El momento de la noticia es muy amargo, después de un año me doy cuenta de que nunca estuve perdiendo a alguien distante, mis hijos y yo estábamos perdiendo a alguien muy amado, alguien muy de nosotros, uno más dentro de mi casa, de quien hablamos como de alguien muy conocido, muy próximo a nosotros. Uno no grita, porque no siempre hay que gritar, a una se le salen lágrimas que gotean, pero no es un llanto copioso… es un llanto desgarrador.

¿Eres mejor persona por haber conocido a Fidel?

Categóricamente siento que soy mejor persona después de conocer a Fidel, no puedo hablar de mí sin hablar de él. Temo a que los demás piensen que exagero. Es en mi vida el sentido, él está ligado a todo lo importante que me ha sucedido tanto personal como profesionalmente. Como la gratitud es la memoria del corazón Fidel estará siempre en mi corazón, hasta hace poco de una forma pública ahora más anónima he descubierto que mi lealtad a Fidel no conoce condiciones, seré leal a él todo el tiempo de mi vida. Una herencia que voy a dejar a los míos. No hay que alardear ni hablar todos los días de esto, pero mi lealtad hacia él es incondicional.