Antes de que culmine 2017 hagamos un ejercicio
Por: Liz Martínez Vivero
Diciembre tiene el don de la retrospectiva. Llamémosle así, a sazón de esa virtud tan suya de ponernos a cavilar sobre los sueños logrados y aquellos que se han tornado, por x o por y, un poco más esquivos.
La responsabilidad de diciembre, doy por sentado, va más allá del contexto metafísico del duodécimo mes del año: justo cuando casuísticamente Júpiter se aloja en la octava casa astral.
Sin pensarlo mucho casi ha pasado un año y justamente es el 31 de diciembre quien convoca. Invariablemente, obliga a tomar cartas en los asuntos, cual si fuéramos un bateador en la incómoda cuenta de tres bolas y dos strikes.
Es hora de recapitulación, de consultar la lista imaginaria a unas horas de despedir el 2017 de Irma, de la recuperación y claro, también el primer año sin Fidel. Hay que hacer balances de las pertenencias espirituales, a fin de cuentas las que perduran y llenan de más satisfacciones porque las más tangibles se gastan o se quiebran o desaparecen.
Le propongo un ejercicio camine por la ciudad, imaginariamente, cierre los ojos, piense un instante: ¿Cuántas cosas buenas le han pasado este año? Lo ve, Ud ha crecido y si todo lo demás fuera poco, el crecimiento personal sería suficiente.
El 2018 ya se anuncia con bomba y platillo. Iniciará un lunes y a mediados del año el mundo entero girará en torno a un balón de fútbol debido al Mundial de la disciplina que se celebrará esta vez en Rusia. Elecciones presidenciales, aniversarios cerrados como el del inicio de la Primera Guerra Mundial (ídem a otros calendarios), apagones analógicos y hasta Juegos Olímpicos de la Juventud, con sede en América del Sur.
