Se corresponde con la última noche del calendraio gregoriano
Por: Liz Martínez Vivero
En Cuba diciembre, también por el advenimiento de un aniversario más del triunfo de la Revolución, es sinónimo de fiesta. La víspera de año nuevo se convierte a lo largo y ancho de la Isla en un motivo de celebración.
Se trata de la última noche del año en el calendario gregoriano, comprendiendo desde el 31 de diciembre hasta el primero de enero, Día de Año Nuevo. Detallan algunas páginas digitales que fue hace cuatro mil años aproximadamente cuando la cultura de los babilonios se convirtió en la primera civilización en celebrar este acontecimiento.
Ante todo por costumbre, en la víspera del año que llega se realizan ritos anclados en las culturas de los pueblos del orbe.
Tras las 12 campanadas, se abraza a la persona amada, los más apasionados procuran la ropa interior amarilla o roja si se quiere felicidad y suerte en el amor, y llevar dinero en los zapatos, para atraer la prosperidad económica.
También existe la tradición de pasear con una maleta para augurar buenos viajes, y en algunos barrios se quema de manera simbólica al «Año Viejo», representado por un muñeco de trapo, con lo cual se pretenden borrar los malos recuerdos dejados atrás, y recibir venideros tiempos con alegría.
Otro rito muy arraigado en todas las culturas es el que evoca a la abundancia en cuanto a alimentos, por ello las variadas y exuberantes mesas de estas fiestas, motivando el deseo de un año sin carencias.
Los cubanos despiden el calendario casi siempre en familia, deseándose un feliz año nuevo a ritmo de música, frente a una buena mesa repleta de platos, y en el centro reina el suculento cerdo asado. Hay quien se estrena un atuendo.
En todo el planeta el denominador común deviene atraer el bien para cada cual, y motivar a la armonía familiar, indispensable en cualquier rincón del orbe.












