A lo largo de la historia la mujer cubana estuvo presente
Por: Liz Martínez Vivero
Hablar de derechos políticos para las mujeres implica, necesariamente, reconocerlos como el resultado de una lucha histórica. Y para empezar por el final, va mucho más allá de simplemente votar y tener la oportunidad de ser votada. Vale la pena una revisión detallada sobre los derechos que hemos logrado las mujeres, entre los cuales, por supuesto decidir, viene a ser el primero de todos.
Desde los tiempos de la colonia, la mujer criolla tuvo bajo su jurisdicción esclavas y esclavos, haciendas. Puesto que ellas no tenían que realizar labores domésticas, les sobraba el tiempo del mundo para desarrollar sus intereses culturales. Un ejemplo bien a la mano lo constituye Gertrudis Gómez de Avellaneda, la novelista romántica, que nació en Cuba y vivió aquí hasta el año 1836. Después viajó a España, donde desarrolló una importante obra literaria.
Durante la lucha anticolonial, las féminas participaron activamente y en 1869 en la Asamblea de Guáimaro, las palabras de Ana Betancourt, aunque ahora parezcan asunto cotidiano pudieron resultar “adelantadas”. Y aunque no he encontrado ningún libro de historia que lo confirme, con todo y que los patriotas congregados en aquella sala compartían el criterio de alcanzar la independencia para Cuba, imagino que alguno de ellos (quizás más de uno) se sintió extrañado ante el concepto de emancipación, por esta vez acompañado del adjetivo femenina.
En aquella reunión el término libertad presumiblemente estuvo entre los más repetidos. Pero… ¿A qué venía la intervención de Ana?
Hablaba en contra de erradicar flagelos discriminatorios, tales como el nivel de analfabetismo que existía en la población femenina, debido a que las mujeres no tenían derecho a cursar estudios. La máxima aspiración de las familias era conseguir para las jovencitas casaderas un buen partido e inclusive se manejaban conceptos como el de la dote, entendida como la suma entregada al futuro marido como una especie de remuneración por entrar en la familia, una representativa cuota que intentaba cubrir inversiones o algunos pequeños lujos de los nuevos esposos.
Fue el 4 de Enero de 1934, cuando se elevó a la mujer cubana a la condición de ciudadana completa. Hasta esa fecha ella carecía de derechos políticos, no podía elegir ni ser elegida. En esa fecha se nombraron las primeras alcaldesas en la historia de Cuba.
Al triunfo de la Revolución, se regula la protección a la mujer, a nuestros derechos. Cuando es promulgada la primera ley, la de Reforma Agraria, el primer título de propiedad de tierras es otorgado simbólicamente a una campesina negra, hija de inmigrantes haitianos asentados en la zona más pobre del país, el oriente de la isla.
La incorporación de la mujer al trabajo asalariado es masiva, y esto lleva, en cascada, a la creación de toda una serie de servicios sociales.
Ya en 1960 se funda la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) que agrupará a 800 asociaciones femeninas que existían al triunfo de la Revolución. Su tarea es lograr el pleno ejercicio de la igualdad de derechos para la mujer en todos los ámbitos y niveles de la sociedad.
En 1979, Cuba fue el primer país en firmar la “Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer” y el segundo en ratificarla.












