Sus padecimientos físicos dan la mayor medida de su grandeza
Sufrir es lo que he sabido. Y callarme mis dolores”.
José Martí
El conocimiento de las enfermedades que padeció José Martí permiten al lector un mayor compromiso con el sacrificio de Apóstol de la independencia: un hombre que se sobrepuso incluso a los dolores físicos.
Publicado por la Editorial Oriente, el volumen Enfermedades de Martí del Dr. Ricardo Hodelin Tablada identifica que el prisionero 113 con apenas 16 años empezó a sufrir efectos adversos debido al duro trabajo en la cantera.
Sabido es que cargó pesadas cadenas desde la cintura hasta el tobillo. Así, recorría diariamente el largo camino entre la prisión y las canteras y realizaba, en esas condiciones, el rudo trabajo al que se le condenaba. Su vida quedaría marcada desde entonces, y su cuerpo herido y afectado de tal forma, que solamente su poderosa voluntad la altitud de los ideales le proporcionaron la fuerza para cumplir su extraordinaria misión y desarrollar un pensamiento que perdura, por su alto valor político y ético.
Para la redacción de este libro, el Dr. Hodelin consultó 261 fuentes bibliograficas, 31 fuentes hemerograficas (revistas, periódicos) y las fuentes documentales de 13 archivos en Cuba, España y México.
En la investigación se da cuenta del diagnóstico de una afección testicular contraída como consecuencia de los golpes de la cadena del presidio político. Esta afección fue llamada "sarcocele" por Fermín Valdés Domínguez, y la primera dificultad diagnóstica radica en el significado del término, correspondiente a Patología, pero que en la actualidad constituye un arcaísmo.
Se trata, pues, de un proceso de larga evolución, caracterizado por el aumento de volumen —neoplásico o inflamatorio— de la bolsa escrotal o su contenido.
Llama la atención el hecho de que Hodelín haya podido reconstruir los padecimientos físicos y tratamientos de aquel que se resistía a ser un enfermo cuando la patria lo reclamaba para lograr su independencia.
Es precisamente aquí donde Hodelín se detiene para destacar cómo el cuerpo maltrecho del Apóstol trataba de imponerse a la enfermedad, aún cuando no siempre salía victorioso, y lo hace a partir del relato cronológico por lo cual el volumen deviene otra biografía del Maestro.
En cuatro oportunidades a lo largo de los años de duro peregrinar por otras tierras, Martí fue intervenido quirúrgicamente para aliviar los dolores que le provocaba el sarcocele. Solo en la última ocasión obtuvo cierto alivio tras ser extirpado el mal.
Los grilletes que llevó en su pie durante el encierro causaron úlceras que nunca sanaron, haciéndole guardar cama a intervalos, entre las tareas de la preparación de la guerra y sus otras dolencias.
Recién llegado a Madrid, lejos de su familia y amigos, en tierra extraña y atormentada su alma por el mal que la injusticia y la soledad le causaban, comienza a padecer de sarcoidosis, enfermedad que afecta varios órganos y sistemas del organismo. Tenía para entonces 18 años de edad.
La sarcoidosis produjo en Martí afectaciones pulmonares, hepáticas, estomacales, cardiovasculares y oculares. También fiebres, dolores de cabeza y desmayos que lo obligaban a guardar cama y, en ocasiones, le impedían escribir con su propia mano y tenía que acudir al dictado de lo que quería comunicar. Los síntomas de este padecimiento mejoran por un tiempo para luego reaparecer y él los sufrió hasta el final de sus días.
Con información de Internet












