Por: Liz Martínez Vivero
En su primer discurso al Estado de la Unión, Donal Trump prometió fortalecer las sanciones contra las “dictaduras comunistas” de Cuba y Venezuela.
Por supuesto, también habló de México, insistiendo en que es preciso el muro fronterizo para acabar con los emigrantes.
No pudo dejar de mencionar a China y Rusia, a quiénes ha preconfigurado como máximos rivales de la nación norteña.
Así lo dijo: “Enfrentamos a lo largo del mundo regímenes parias, grupos terroristas y rivales como China y Rusia que desafían nuestros intereses, nuestra economía y nuestros valores”, sostuvo.
Criticó también con Corea del Norte y con Irán, nación islámica donde hubo decenas de muertos en protestas violentas.
“Cuando el pueblo de Irán se levanta contra los crímenes de su corrupta dictadura, no me quedé callado”, apuntó.
Hay quien sugiere que pasó de puntillas por Puerto Rico. Encomendándoles que para afrontar el dolor se llenaran de amor.
¿De amor? ¿En serio, señor Presidente?
Con la receta de la nostalgia llena de espejismos y la confianza en Dios y en la familia, el presidente proponía una América segura, fuerte y orgullosa. Eligió esos adjetivos con conocimiento de causa. No propuso una América inteligente, responsable, justa o solidaria. El mensaje era otro. Quería desmembrar la infraestructura del flujo migratorio, destruir los cimientos que han sostenido el país, para plantar sus cuatro pilares que son en realidad grandes murallas que bloquean a miles de personas con la excusa de la seguridad.
La palabra compasión la usó para decirnos que solo le preocupaba su gente, porque América ya había cumplido con el resto del mundo. También podían descansar de una vez los héroes veteranos en sus tumbas, ahora impecables, con sus banderas. Pero a los cientos de veteranos lisiados de tantas guerras que se arrastran sin hogar por las calles pidiendo algún centavo, los olvidó.
Trump arremete de nuevo contra el mundo. Aunque se vista de “seda” (o con la firma italiana Brioni) para hablar al mundo, saltan a la vista sus verdaderas intenciones. Si no, como invita cada domingo el colega Taladrid: “Saque Ud sus propias conclusiones.”












