Nació en 1927 y desde el primer día mostró estatura y trascendencia de gigante. El Hotel Sagua, céntrico y espectacular, abrió sus 65 habitaciones y espacios, y ya se le consideraba el más lujoso y moderno de la Cuba de entonces.
Por Alfredo García Pimentel
Nació en 1927 y desde el primer día mostró estatura y trascendencia de gigante. El Hotel Sagua, céntrico y espectacular, abrió sus 65 habitaciones y espacios, y ya se le consideraba el más lujoso y moderno de la Cuba de entonces.
Por sus pasillos, el español Federico García Lorca, imaginó poemas. Tal vez a Sarah Bernhardt se le haya escuchado algún monólogo sublime. Y a la gente común, se le hayan escapado besos, suspiros o preocupaciones.
Lo cierto es que el Hotel Sagua brilló en una ciudad y un país competitivo en la industria del ocio. Por aquella época, la Villa del Undoso presumía de sus hoteles, que sobrepasaron la veintena, todos con excelente confort.
El Sagua, la joya: por tamaño y caché. Sus 4 niveles, cada uno con distingos arquitectónicos, eran deleite visual de una generación; sus pisos, mármoles y techos, otra obra de arte cotidiana al servicio de todos.
Sin embargo, el tiempo y las cortedades lograron empañar el diamante de la hotelería sagüera. Nueve décadas después de recibir a su primer visitante, el Hotel Sagua no era ya orgullo, sino peligro y preocupación para la Villa.
Pero como los gigantes, la joya retoma su brillo y se levanta de su letargo. Hombres y mujeres de toda Cuba ayudan a los sagüeros a recuperar su Hotel, para que el mundo y sus andantes conozcan la belleza de sus salas, la magia de su escalera de caracol y el embrujo de su estatura ecléctica, dominante sobre una ciudad que, como él, será otra desde ahora y para siempre.













