Por: Liz Martínez Vivero


Regresa el 19 de mayo y a 123 años de la muerte física de Martí se nos hace tan necesario como inevitable su recuerdo. El único detalle que nos empaña es que hay que pensarlo más días aparte de hoy y del 28 de enero, porque a los que tanto hicieron, dos señalizaciones en el calendario resultan demasiada injusticia por parte nuestra.

Hay que buscarlo a todas horas más que para adornar con la frase suya que mejor acople un trabajo extraclase. No es pérdida de tiempo volver a su obra, en una escuela, una cooperativa… a todas horas y en cualquier momento siempre y cuando se ejecute alguna obra de bien.

En favor de las nuevas generaciones no se puede morir su recuerdo, tenemos que vestirnos de Martí y de su obra como solíamos hacer de niños para llenar las calles de Massicas, Pilares o Bebés.

También sería bueno juntarnos en cualquier sitio a hablar de vida, de la forma en que fue hijo, hermano, padre y también hijo predilecto de la Patria.

Es menester crear círculos para fomentar su lectura, para que nadie tenga el derecho a dejarlo olvidado en una esquina del librero y allí el polvo opaque la grandiosa elocuencia de aquella pluma tan diáfana y aquel verbo tan fluido como comprensible para los tabaqueros de Tampa tanto como para los pioneros de este día.

Hay que volver a Martí, hacerlo parte nuestra y sentirlo tan cercano como un abuelo joven, un hermano mayor o un tío muy querido.

De todas formas, y como ya habrán advertido, este intento de homenaje les llega el 19 de mayo. Ojalá pudiéramos hacerlo más días, en más oportunidades pero no como una regla que no debemos saltarnos porque es la encomienda de hoy, no. Hay que buscar a Martí porque le hace bien alma y porque se nos vuelva insoportable, aquí dentro, al sur de la garganta como cantara Carilda, estar sin él.