Por: René Morales Muñoz

 

Todas las personas que en Cuba sobrepasen los 25 años de edad han tenido por una vía u otra suficientes elementos, para conocer detalles de qué es el bloqueo económico, financiero y comercial de sucesivos gobiernos de Estados Unidos contra Cuba y los que aún no arriban a esa edad, incluyendo los niños al menos en sus escuelas y hasta en sus propios hogares ya han escuchado mencionar las trabas y dificultades que ello entraña.

Para reflexionar al respecto baste decir que esa despiadada posición contra Cuba comenzó a aplicarse desde el momento mismo del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y, a lo largo de los años, se ha venido institucionalizando y refinando cada vez más mediante la aprobación de proclamas presidenciales y medidas legislativas que lo han hecho progresivamente más férreo y abarcador.

Desde ese momento, la política de asfixia económica que representa no ha cesado ni un solo instante, lo que refleja claramente la obsesión de reiteradas administraciones de los Estados Unidos por destruir el sistema político, económico y social elegido por el pueblo cubano en ejercicio de sus derechos a la libre determinación y la soberanía. Durante todos estos años se han recrudecido y reforzado los mecanismos políticos, legales y administrativos de dicha estrategia enemiga con el objetivo de procurar su instrumentación más eficaz.

El antídoto más efectivo del pueblo, gobierno y el Partido Comunista de Cuba han sido la unidad y determinación para continuar con nuestro sistema social, el mismo que se ha enfrentado a las más disímiles campañas de todo tipo, en aras de construir nuestro propio destino y proyecto de desarrollo.

Estos hechos en cerca ya 60 de años de permanencia desmedida demuestran ante el más elemental análisis, que el bloqueo contra Cuba sigue siendo el sistema de sanciones unilaterales más injusto, abarcador, severo y prolongado que se ha aplicado contra país alguno en el mundo.

Como consecuencia de la estricta y agresiva aplicación de las leyes y normativas que tipifican el bloqueo, Cuba continúa sin poder exportar e importar libremente productos y servicios hacia o desde los Estados Unidos, y no puede utilizar el dólar norteamericano en sus transacciones financieras internacionales o tener cuentas en esa moneda en bancos de terceros países. Tampoco se le permite tener acceso a créditos de bancos en Estados Unidos, de sus filiales en terceros países y de instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo.

Despreciando la voluntad de la comunidad internacional y de la Asamblea General, expresada en las numerosas resoluciones adoptadas por dicho órgano, mediante las que solicita poner fin a esta política, el gobierno de los Estados Unidos continúa afirmando que mantendrá el bloqueo como una “herramienta de presión”, y no alberga intención alguna de modificar su enfoque hacia Cuba.

Nuestro país por su parte que también defenderá su posición de lucha y resistencia ante tamaña injusticia no cesa en el enfrentamiento a todo tipo de manifestación contra el mal llamado embargo y cada vez con mayor apoyo de un número creciente de naciones de todo el mundo, siempre defendiendo las principales conquistas de nuestra Revolución.

Considero que aun cuando las cifras a veces no son el reflejo real de lo que sucede, sobre todo en el campo económico, la alimentación, de la salud, la educación, la cultura y el deporte por solo citar estos ejemplos, el daño de esta política en materia financiera a nuestra pequeña nación supera el billón 66 mil millones de dólares, lo que a precios corrientes, asciende a un monto que sobrepasa los 108 mil millones de dólares en un cálculo sumamente conservador.

A pesar de haber fracasado en la consecución de sus propósitos, el bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos sigue siendo el principal obstáculo para que Cuba desarrolle a plenitud sus potencialidades económicas y sociales.

Sin embargo contrario al interés manifiesto de Cuba de normalizar relaciones entre ambos países en igualdad de condiciones y con respeto y apego a las normas internacionales, en los últimos 20 años han sido divulgadas las principales medidas adoptadas por el Gobierno de los Estados Unidos y propuestas realizadas que demuestran la continuidad del bloqueo y los intentos de intensificarlo.

En medio de tanta hostilidad hacia nuestro pueblo y gobierno vale resaltar que el bloqueo no se limita a las principales conquistas de la Revolución, y en ese rejuego desmoralizado entran también en el ruedo sectores como la construcción, el turismo, las comunicaciones, la informática, el transporte de todo tipo, recursos hidráulicos, meteorología y otros muchos que harían interminable el listado y del que prácticamente no escapa nadie en nuestro Verde Caimán.

No resulta ocioso mencionar que la oposición a la política de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba también ha crecido durante este período y que ya no es patrimonio de una gran mayoría de las naciones del orbe pues esa postura se ha manifestado, entre otras, en numerosas declaraciones, artículos de prensa de importantes personalidades políticas e intelectuales, acciones en el Congreso Estadounidense y en gobiernos estaduales, organizaciones no gubernamentales y sectores empresariales, que cada vez abogan por un cambio beneficioso en este sentido.

Por otra parte es notable el apoyo creciente y abrumador de la comunidad internacional a Cuba en contra del bloqueo. Son innumerables las voces que se levantan en todos los confines del mundo a favor del cese de esta inhumana política. En los último años, se produjeron numerosos pronunciamientos a favor de su levantamiento inmediato e incondicional.

La política de bloqueo hacia Cuba persiste y se intensifica a pesar de los intensos y crecientes reclamos de la comunidad internacional al gobierno norteamericano para un cambio hacia Cuba, el levantamiento del bloqueo y la normalización de las relaciones bilaterales entre ambos países.

El bloqueo viola el Derecho Internacional, es contrario a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y constituye una trasgresión al derecho a la paz, el desarrollo y la seguridad de un Estado soberano. Es, en su esencia y objetivos, un acto de agresión unilateral y una amenaza permanente contra la estabilidad de un país.

El bloqueo constituye una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos de todo un pueblo y califica como un acto de genocidio en virtud de la Convención de Ginebra de 1948 para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Viola también los derechos constitucionales del pueblo norteamericano, al quebrantar su libertad de viajar a Cuba. Viola, además, los derechos soberanos de muchos otros Estados por su carácter extraterritorial.

Una vez más, Cuba y su pueblo pacífico y emprendedor agradecen, solicitan y esperan en lo sucesivo el apoyo el de la comunidad internacional para lograr poner fin a esta injusta, ilegal e inhumana política.