Por: Maylen Paz Treto
En la época de estudiantes, específicamente en el caso de nuestro peregrinaje por la Historia de Cuba, nos dejamos llevar por los nombres, no solo porque los hayamos escuchado alguna vez, sino por el significado que encierran.
Ideas como de los 10 años, utilizadas para catalogar una guerra, hacen que fijemos la atención en este suceso, ya que es bastante tiempo. Sucede también con el adjetivo necesaria que describe a la también llamada Guerra del 95.
La nomenclatura en ocasiones nos juega una mala pasada, porque la catalogación de elementos, en este caso, de hechos, llama o desvía la atención.
Es por ello que, a veces, obviamos por la irrelevancia de su nombre, sucesos como la Guerra Chiquita, por razones del subconsciente, claro está, porque los libros de historia no han dejado de señalar la importancia de este período histórico que es tildado de chiquito por su poca duración, no por la intensidad de los sucesos que, como parte de este, tuvieron lugar.
La Guerra Chiquita, que duró de 1879 a 1880, fue indispensable para la historia de la patria. Fue el primer hecho trascendental dentro del período de la Tregua Fecunda, mostró que el ideal independentista no murió con el Pacto del Zanjón, que el fervor patriótico existía, pese a fallos tácticos y ausencia armamentística.
Muchos levantamientos la marcaron en distintos lugares de la geografía cubana, entre ellos Gibara, Holguín y Santiago de Cuba. En la zona central se destacaron combates en Sancti Spíritus, Remedios y nuestra Sagua la Grande.
Cada uno de los combates tuvo hombres y nombres que han quedado para la posteridad. El Coronel Emilio Núñez es uno de los más connotados, se alzó en San Diego de Nigua, Sagua la Grande. Libró los combates de los ingenios Santa María y Concedo, en Quemado de Güines. También tuvo acciones en Lomas de Amaro, Viana, Los Abreu, Antón Díaz, San Gil, Siguanea, El Gato, Pozo Viejo y Las Hondonadas.
Aunque cada uno de los territorios alzados fue deponiendo las armas, el coronel Emilio Núñez se resistió a darse por vencido. La Guerra Chiquita se mantuvo viva hasta que una misiva de José Martí lo convenció. Su resignación puso fin a la pequeña guerra. Algunos piensan que fue obstinación, otros que fervor, pero lo cierto es que fue el último hombre en rendirse.
Cuestiones de nomenclatura también hacen que el privilegio de haber acunado a esta figura insigne de la Historia de Cuba se dispute aún, dado que nació en el ingenio San Francisco, por aquel entonces (1855) territorio de Cifuentes, pero perteneciente a la antigua jurisdicción de Sagua la Grande.
De más acá o de más allá, fue y se sintió hijo de Sagua, a ella volvió en varias ocasiones en sus ires y venires relacionados con lucha en la emigración a favor de la causa independentista.
Aunque muchas más acciones destacables marcaron la impronta de Emilio Núñez. Para nosotros, los sagüeros, lo extraordinario de su personalidad radica en su afán de lucha, que parece coincidente si recordamos la intransigencia que a 79 años de este suceso demostró el pueblo de Sagua la Grande al mantener por 24 horas una huelga revolucionaria que se había convocado como general, y que en ningún lugar del país duró tanto.
El nombre de este coronel mambí no es de los que más escuchamos, ni siquiera en nuestro municipio, tal vez sepan algo de él los que cursaron estudios en la escuela primaria que lleva su nombre.
Figuras de esta estirpe no merecen que se les desconozca, merecen ser atendidas y nombradas, merecen situarse en un lugar especial de nuestra historia local, ya que la llenaron con su heroico quehacer.












