Por: Maylen Paz Treto
Cuando solo era una joven estudiante, Tomasa Roque Martínez tuvo un sueño: que sus padres se resguardaran en una vivienda confortable, que hiciera que la lluvia dejara de ser un tormento en su vida.
Alguien se acercó a su oído un día y le dijo: «Escríbele a Celia, muchacha. Ella ayuda a todos».
«Lo cierto es que cuando no existía ninguna posibilidad, por ser hija de obreros humildes, lo que te aconsejaban lo hacías, no estaba de más», expresó emocionada.
Tomasa, redactó una carta sencilla donde exponía los motivos de su solicitud como quien lanza un grito al vacío, sin esperar ser escuchado, porque ¿cómo iba a responderle Celia? Era la interrogante que muchos, acompañando de un chasquido y en tono jocoso expresaban.
Pero en el fondo siempre tuvo fe en Celia. Tenía la corazonada de que, al menos, le iba a responder para decirle que no, porque el rostro de esa mujer inspiraba confianza, porque era humilde como ella y entendía su situación.
Por aquel entonces, Tomasa trabajaba, y a la vez estudiaba. Se fue para su Jagüita, específicamente para la escuela “Comandante Fajardo” en la que impartía clases como parte del destacamento de los llamados “maestros populares”.
«Al regresar a mi casa el fin de semana me encontré a mis padres emocionados, la solicitud fue respondida, Celia me dijo que me ayudaría. Con eso era feliz, sabía que una respuesta llegaría y llegó, no me equivoqué con Celia», nos contó alegre como si estuviera viviendo ese momento por segunda vez.
Perpleja se quedó cuando, poco tiempo después llegó a sus manos la llave de su nueva casa, confortable, amueblada.
Todo parecía utópico, pero se hizo realidad.
Hoy, a sus 71 años, Tomasa es una mujer segura. Todavía es una maestra excepcional, pero es sobre todas las cosas una persona agradecida.
No olvida la bondad de Celia, porque hizo de su sueño una preciosa realidad.
Tomasa es solo uno de los tantos casos que se vieron beneficiados en el país con la ayuda del estado revolucionario cubano a pocos años del Triunfo de la Revolución. Por eso se siente en deuda con líderes como Celia Sánchez, que dieron todo lo que estuvo a su alcance por el bien de los demás.
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