Por: Diana Guirola de la Fuente
En Cuba no puede hablarse de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) sin mencionar a Fidel, su guía, su artífice y su alma en estos 56 años.
El 28 de septiembre de 1960, ante casi un millón de personas, congregadas frente al antiguo Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución), Fidel llamó a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva.
En esa ocasión, con la claridad que lo caracteriza, aseguró: “Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”.
Surgían así los CDR, una respuesta enérgica del pueblo cubano al terrorismo de estado desatado por el gobierno de Estados Unidos, la CIA y el Pentágono contra nuestro país.
Concebidos como una organización de masas, los CDR tienen entre sus objetivos movilizar a todo el pueblo en las tareas de defensa de la Revolución y de las conquistas del socialismo, mediante el trabajo comunitario.
Para integrar sus filas, se precisa como único requisito tener 14 años de edad. En la actualidad agrupa a casi ocho millones de cubanos, sin distinción de sexo, raza o religión.
Con su activo papel frente a los planes de los que quieren entorpecer las conquistas revolucionarias, más su entusiasmo, iniciativa, voluntad, altruismo, solidaridad, humanismo y combatividad, los CDR se convirtieron en la más pujante organización de masas de Cuba.
A 56 años, el sistema de vigilancia colectiva revolucionaria establecido contra terroristas y delincuentes demostró, como señaló Fidel que cuando el pueblo se organiza, no hay quien pueda con nosotros.
Por eso, en cada cuadra, en cada barrio, en cada rincón de este archipiélago donde exista un comité se respiran los aires de sus ideas, esas que nos mantienen unidos y nos hacen cuidar la organización más masiva de nuestra sociedad, eje de solidaridad, cooperación y ayuda mutua entre vecinos, la que nació para ser eterna.












