Lo que ocurre con la retirada estadounidense de los Acuerdos de París sobre Cambio Climático va más allá de toda ficción y afecta, en mayor o menor grado, a la humanidad toda, incluyendo a la población de Estados Unidos.

Aunque lo parezca, de ninguna manera podría verse como una jugada de póquer o una apuesta para ver quién rubrica más deprisa un documento por importante que este sea.

Lo que ocurre con la retirada estadounidense de los Acuerdos de París sobre Cambio Climático va más allá de toda ficción y afecta, en mayor o menor grado, a la humanidad toda, incluyendo a la población de Estados Unidos.

Y es que el Acuerdo de París sobre Cambio Climático se alcanzó luego de años de intensas negociaciones, de anhelos frustrados e incongruencias entre los mayores emisores de gases contaminantes y los empobrecidos pueblos del Tercer Mundo, ávidos de incorporarse al plan, pero necesitados de ayuda material, de tecnologías.

Llevan muchos años los líderes mundiales, o al menos una buena cantidad de ellos, siendo advertidos de la necesidad de un compromiso común para enfrentar el tema climático.

Fue el líder cubano, Fidel Castro, el visionario revolucionario de los siglos XX y XXI, quien en la Cumbre sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en 1992, en Río de Janeiro, advirtiera que: «Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre».

Sonaban las alarmas que contribuyeron a hacer conciencia a gobernantes de todo el planeta, para inmiscuirse en el tema y contribuir a que se ponga fin al deterioro ambiental.

Luego han sido muchas las cumbres, reuniones, seminarios, convenciones y otras citas donde el tema ha constituido centro de debate. Pero un indicador común ha frustrado muchos deseos y hecho colapsar acuerdos y aspiraciones: la intransigencia de algunos Estados ricos que, como ocurre ahora con Estados Unidos, prefieren poner en primer lugar su obsesión por el dinero, en detrimento del cuidado de la especie humana.

¿Cómo explicar —si es que se puede— que el país responsable del 27 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, causante de la catástrofe climática que ya nos afecta, eche por la borda un acuerdo del que la humanidad toda anhela su cumplimiento?

Uno de los objetivos más importantes del Acuerdo de París es la reducción del calentamiento gobal; y si se toma en cuenta el estudio realizado por la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, es ese país el que más contribuye a tal efecto, que se ha registrado hasta el presente.

Y volvemos a lo planteado por Fidel en la cita de Río de Janeiro, cuando decía: «es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medioambiente… Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer».

Vale recordar que las economías basadas en el uso intensivo del carbono, entre otros aspectos, provocan el cambio climático, causan la muerte de alrededor de cinco millones de personas cada año y originan pérdidas económicas equivalentes al 1,6 % del Producto Interno Bruto mundial, como se expresa en un informe sobre Vulnerabilidad Climática, divulgado por Naciones Unidas.

Pudo tener en cuenta el mandatario estadounidense, antes de dar la espalda a los Acuerdos de París, lo advertido por James Hansen, uno de los principales climatólogos del mundo, al enfatizar que el nivel del mar podría aumentar más de tres metros en los próximos 50 años debido al calentamiento global «altamente peligroso».

O el llamado de Majendra Pachauri, presidente del Panel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU y premio Nobel de la Paz, cuando advierte que «apenas tenemos tiempo antes de que sobrepasemos la ventana de oportunidad para mantener un margen razonable dentro de los 2 ºC de calentamiento. Si queremos tener posibilidades de permanecer por debajo de esos 2 ºC debemos reducir las emisiones entre un 40 y un 70 % a nivel mundial entre el 2010 y el 2050, y disminuirlas hasta un nivel nulo o negativo en el 2100».

Cómo dar la espalda a un compromiso internacional que ha tenido en cuenta el fenómeno adverso de que el volumen de hielo en el Ártico se ha reducido un 36 % en la temporada de otoño y un 9 % en la de invierno entre los años 2003 y 2012, lo que viene a confirmar la disminución de la superficie del casquete en torno al Polo Norte, que ya alcanzó un mínimo histórico.

Un equipo de investigadores que ha trabajado con datos del satélite CryoSat, desde el 2008 informó que se han perdido unos 4 300 kilómetros de hielo en el océano Ártico en otoño y alrededor de 1 500 kilómetros en invierno, según destacó la Agencia Espacial Europea.

Los propios científicos han asegurado que la subida del nivel del mar causaría «una fractura social y consecuencias económicas devastadoras».

De igual forma, pienso que un documento que debiera tener presente el actual inquilino de la Casa Blanca,  que ha decidido abandonar los acuerdos climáticos, es el Quinto Informe sobre el tema que a solicitud de la ONU elaboró un grupo de 1 200 investigadores de más de 80 países, y todos coinciden en que la línea de tiempo para paliar los efectos del cambio climático está llegando, si es que no ha llegado ya, a un punto de no retorno y que, o se toman drásticas decisiones ya, o no habrá vuelta atrás.

Recordemos lo advertido por Fidel en la citada Cumbre de Río cuando aseguraba que «mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo».

Tomado de CMHW http://www.cmhw.cu/internacionales/7191-y-la-humanidad-que

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