Por: Diana Guirola de la Fuente



Es víspera del Día de los enamorados, no cabe la menor duda, el ajetreo de muchos se concentra en el área destinada a la venta de flores en el bulevar de Sagua la Grande. Y aunque son varios los kioscos habilitados, uno resulta el más visitado, el de Aleido Morales Dita, un octogenario señor  que no solo derrocha amabilidad, sino que conoce de flores y hoy expende las más hermosas.

 

Variedades de gladiolos, príncipes negros, azucenas, nardos, gardenias, mariposas, extrañarosas, margaritas… todas bien cuidadas y de calidad, para complacer hasta los gustos más exigentes.

Ramos de diversos diseños, y espigas ya envueltas con cintas y lazos, exhibe el puesto del longevo, en el que no faltan las flores recién traídas del campo, conservadas en agua, para los Romeos morosos que llegan a última hora corriendo o para aquellos que las prefieren a lo natural.

 

 

 

“El 14 de febrero no hay regalo mejor para una dama que llevarle una flor”- comenta Aleido, mientras se remonta en el tiempo y me cuenta que se dedica a la floricultura desde hace 70 años. “A los 10 años comencé a trabajar en jardines particulares, hasta que triunfó la Revolución. Luego me incorporé a la Empresa de Servicios Comunales haciendo trabajos florales y otras labores hasta que llegué a ser el Jefe de jardinería en el Jardín municipal, durante 28 años".

Disímiles puntos de la ciudad han contado con las manos privilegiadas de Aleido: la Cooperativa de Producción Agropecuaria 26 de Julio, el organopónico Ramón Rivero, el Batey Finalet, las entradas y salidas de la ciudad.

 “Trabajar con las flores es un arte, hay que saber tratarlas, cada una requiere un cuidado diferente, especial, distintas fumigaciones para distintas enfermedades o plagas… y la mano del cuidador que es lo más importante.

Ahora, con 82 años y dispuesto a no jubilarse, trabaja para la Granja urbana vendiendo flores en el bulevar sagüero. Desde temprano se le ve en el sitio, ordenando las flores por variedades; confeccionando diferentes y originales ramos, entre ellos los destinados a las novias que son sus preferidos; pero también hace coronas, cojines o cualquier arreglo floral que le soliciten.

A toda su familia la crió con el fruto de tan noble profesión y le inculcó el amor por las flores. Una de sus hijas, Aleida, ha seguido sus pasos y hoy trabajan juntos. Su pasión por las flores y saber que su vocación tiene continuidad, lo llenan de orgullo.

 

 

Pasión y entrega de un hombre por la floricultura, una mezcla que sin dudas, agradecen los enamorados que este Día de San Valentín hallarán en una flor, su mejor regalo de amor.