Por: Maylen Paz Treto



No olvido su cara ante tanto sufrimiento. Solo quienes la conocían bien podían descifrar la tristeza de su rostro y darle explicación a las lágrimas que corrían por sus ojos en esos días.

Juanita estaba de luto, como toda Cuba, ante la muerte del Comandante, pero pocos, como ella, al día de hoy enjugan sus lágrimas cuando se menciona el nombre Fidel.

Ya el tiempo aleja este suceso doloroso y todavía un acercamiento a Juanita para hablarle del tema Fidel requiere el mismo tacto que la aproximación al que ha perdido un ser muy querido.

«Yo estaba durmiendo y sonó el teléfono tarde en la noche. Me levanté sobresaltada y era mi hermana que me dice: ¿Juani, te enteraste? Se murió Fidel. Yo le dije apenada: No es fácil. Por esos días un vecino con ese nombre cayó enfermo y pensé en él. A ella al parecer le extrañó mi pasividad. Pero cuando me comenta: Pon el televisor que lo están dando, fue cuando le dije extrañada ¿De qué Fidel me hablas? La respuesta me derrumbó. Nunca imaginé que fuera mi Fidel».

¿Qué es Fidel para Juana Cobo?

«Fidel ha marcado mi vida al punto de llegar a cuestionarme a mi misma si tengo la instrucción suficiente para entender que era una persona mortal. Es que para mí no lo era, y eso lo entiendo ahora. Lo hacía perfecto, inmortal, eterno, porque así quería que fuera. Ya había recibido un golpe fuerte cuando el 31 de julio de 2006 anunció su retirada del cargo por cuestiones de salud. Doce días antes le habían diagnosticado cáncer a mi padre y eran días tristes. Escuchando la noticia mi padre me dijo: parece que vas a tener que soportar la pérdida de tus dos padres pronto. Efectivamente mi padre falleció al año, fue un golpe muy duro, pero no acertó del todo en lo que me dijo, todavía me quedaba Fidel».

Juanita agradece infinitamente el que su padre y su madre hayan tenido acceso a la educación, al trabajo remunerado y que hayan podido ser alguien en la vida gracias a la Revolución, gracias a Fidel. Siempre quiso agradecerle pero nunca conversó con él, nunca estrechó su mano, nunca lo vio de cerca, solo desde muy lejos en ese salón tan grande al que asistió una vez y lo divisó a lo lejos como algo imposible de tocar.

«Yo creo que le agradezco situándolo cada día en el lugar que se merece, siendo revolucionaria, siendo fidelista. Cuando un problema me derrumba, en lo personal, pero sobre todo en lo profesional, no desfallezco pensando en él y en el sacrificio que hizo para lograr lo que hoy tenemos.»

¿Cómo ves a Cuba sin Fidel?

«Confieso que pensé en consecuencias grandes que podía traer la muerte de Fidel. Pero me sorprendió un pueblo altamente fidelista, me atrevería a decir que más fidelista que revolucionario. La política de cuadros se había trabajado muy bien. Díaz-Canel es el resultado, no es un improvisado, tiene la gran visión que tuvo el Comandante, sigue sus pasos, dialoga con las masas, se preocupa por la opinión del pueblo. Pienso que Fidel hubiese estado orgulloso, al igual que el pueblo que se ve representado en su mayor dirigente político».

¿Piensa que has superado su muerte?

No lo he superado, no creo que lo supere nunca, cuando se acerca una fecha como esta, el aniversario de su muerte, el aniversario de su nacimiento, o cualquier homenaje me descompenso de la presión, me atiborro a medicamentos para resistir, para sobrellevarlo. Porque lo que hago es eso, no superarlo sino aprender a vivir con su ausencia, aprender a vivir intentando siempre que, donde esté, se sienta orgulloso de esta hija que nunca conoció pero que se debe a él aún después de muerto.