Por: Liuva Sarduy González

 

Un nombre resalta cuando se alude a la historia de Sagua la Grande: Joaquín Fernández Casariego.

No hay documento relacionado con esta Villa donde no se precise el nombre de Casariego, quien fue Teniente Gobernador de la ciudad en dos etapas.

Al frente de los destinos de esta tierra, Casariego gobernó en el periodo de 1850 a 1854 y de 1857 a mil 1860, en los que destacó por su absoluta dedicación al progreso de la Villa del Undoso.

Tal es así que, a partir de septiembre de 1850, se dedicó a ejecutar una de sus grandes obras: el alcantarillado, que colocó de pronto a esta ciudad entre las más avanzadas del mundo en cuestión de desagües, protección de inundaciones y salubridad.

Pero sus acciones no quedan ahí. Compuso la calle Colón y le construyó un puente para darle continuidad hacia Coco Solo. Construyó el Cementerio Viejo,  al cual le hizo una hermosa alameda y un puente.

Tuvo a su cargo la construcción del cementerio de Viana y la iglesia de Quemado. La Parroquia de Sagua tuvo su existencia debido a su presión e interé.

La Cárcel Pública y la Plaza del Recreo fueron también fruto de sus gestiones aunque terminadas después de su partida de Sagua.

Por si fuera poco, en 1858 Casariego pavimentó la calle Martí desde Colón hasta Máximo Gómez.

Creó asociaciones al cuidado de señoras. Fundó escuelas. Se volcó al progreso de una Villa que no atesora su nombre ni en calles ni en monumentos. Aun así, quedan en la memoria popular los desvelos de Joaquín Casariego por una Sagua esplendorosa.