Por: Liuva Sarduy González
Si hablamos de personas carismáticas salidas del entorno sagüero habría que mencionar, en primera instancia a Víctor Mesa. El más polémico y controvertido jugador y director de béisbol de Cuba sobresale también por su apego a la tierra natal y por la distinción a sus conciudadanos, dondequiera que esté.
Mi tía Juana siempre contaba que, hace unos 25 años, mientras disfrutaba de una cena en el Hotel “Los lagos de Mayajigua”, en la provincia de Sancti Spiritus, apareció Víctor. Iba de la mano de su esposa, alegre, saludando a todos… hasta que vio a la pareja sagüera.
-¡Caramba, la gente de mi tierra! ¿Cómo está Sagua?
Y ahí mismo entabló una conversación animadísima que concluyó cuando “la explosión naranja” pagó más de cinco rondas de tragos y todo el consumo de sus nuevos amigos sagüeros.
Confieso que siempre me pareció exagerada la historia pero hace unos años el propio Víctor se encargó de aclararla.
Resulta que el ídolo de Sitiecito llegaba de visita a la Villa del Undoso. Se baja del flamante carro rojo, modernísimo. La gente grita su nombre, las cámaras muestran sus flashes una y otra vez y de pronto Víctor repara en mi tía Juana.
¡Oye, pero tú estás igualita! ¡Los años por ti no pasan!
Imagínese usted, que alguien como Víctor lo distinga a una después de tantos años… es para vanagloriarse de verdad. Pero lo mejor vino cuando Víctor soltó aquello de:
Eres la misma de hace unos años, cuando compartimos en “Los Lagos de Mayajigua”.
Ni tengo que decir que Juana casi le roba el protagonismo a Víctor que, modesto como pocos, saludaba a grandes y chicos con el mismo cariño que siempre prodiga a sus hermanos de Sagua la Grande.












