Por: Liuva Sarduy González
Para muchos, los ciclones son como una especie de maldición para quienes vivimos en el Caribe. Sagua la Grande, ciudad al Norte de Villa Clara, ha sido asolada en múltiples oportunidades por estos eventos meteorológicos que son, ciertamente, destructivos.
Hasta aquí han llegado varios portentos naturales. Entre los que más recuerda la gente está el Ciclón del 33.
Mi abuela hablaba hasta el cansancio de lo que aconteció aquella noche del último día del mes de agosto de ese año. Solo una madrugada duró el azote de los vientos pero fue suficiente para acabar con Sagua la Grande, Isabela de Sagua y el asentamiento de Cayo Cristo.
La fuerza de los vientos y, en especial, el mar, fueron los encargados de arrasar con el poblado costero de Sagua la Grande. Lo que hoy llamamos maremoto arrasó con todo lo que encontró a su paso. Contaba abuela que aquello quedó destruido. La población, devastada emocionalmente, se negaba a ir a sus casas, para evitar el mal momento de encontrarla hecha destrozos.
Muertos, heridos, incendios, la crecida del río y sus consiguientes inundaciones fueron algunos de los saldos que dejó el ciclón del 33 en esta parte de la zona norte cubana, un evento que también se conoce como “El ciclón de Sagua y Cárdenas, por la inmensidad de los destrozos en ambos lugares.
En los hechos asociados a este ciclón se mezclan la naturaleza y lo político. Según contaba mi abuela, fabuladora excepcional, el ciclón vino a acabar con los despojos de la Cuba que había dejado el recién destituido presidente Gerardo Machado.
Muchos recuerdan que, precisamente en medio de una evaluación de los daños del evento meteorológico a nuestra zona, otro presidente, el provisional Carlos Manuel de Céspedes, fue destituido de su cargo, nada menos que por el golpista Fulgencio Batista. Pero eso será tema para otra lectura.
Ahora solo me queda recordar al ciclón del 33 como una de las tragedias más grandes en la historia de Sagua la Grande, en la que no faltan otros eventos como el Flora, el Kate, el Michelle o el Lily, pero donde descuella el de los años 30 por la escasez y las penurias asociadas al manejo político y las artimañas para robar el dinero destinado a la ayuda del pueblo.












