Por: Liuva Sarduy González
Antonio Miguel Alcover, autor de la más ilustre Historia de Sagua que se conozca, no solo pasó a la historia por este eminente libro sino por un acto que, de por sí lo llena de gloria.
Cuenta Alcover que, luego de la muerte del notable flautista Ramón Solís, laureado en Conservatorios europeos y cuya talento reconocieron públicos exigentes de Europa y buena parte del mundo, en su pueblo natal estaba prácticamente olvidado.
“En el nicho número 175 del viejo Cementerio de Sagua la Grande, yacían sus despojos; sin que una débil ofrenda adornara su tumba”, refiere Alcover, estudiante de Medicina en La Habana y autor, en tiempos de sus vacaciones de la fabulosa idea que perpetúa el recuerdo del notable artista.
La idea, planteada en pleno parque La Libertad, la comentó a sus amigos que muy bien acogieron la iniciativa. Así, el joven de 9 o 10 años lideró un movimiento a favor de la lápida en homenaje al mejor flautista del mundo que tuvo una excelente acogida en el pueblo y que fue posible gracias al aporte popular y de otros comercios importantes como La Villa del París.
Luego de un desastre natural, el 24 de septiembre, finalmente tuvo efecto el acto suspendido el viernes 2 de noviembre de 1894, donde finalmente se colocó la lápida dedicada a Ramón Solís, a nombre de la juventud sagüera.
Según Alcover, esto escribió José E. Pérez, Pepe-Hillo, en un periódico local:
“Sagua tenía una deuda con Solís. Deuda sagrada porque es la deuda de la gloria, que los pueblos han de pagar á sus hijos más distinguidos; á sus hijos privilegiados que, teniendo un corazón abierto á todo lo bello y un alma sensible á las más delicadas percepciones, son los escogidos por el Genio para anidar en sus frentes y hacerles fulgurar los sublimes destellos del Arte."
Y continúa elogiando el artículo, las dotes de Ramón Solís:
“Para los demás fue un músico impecable; una notabilidad: para nosotros debe ser el primero, el más grande de los lautistas. Y esto debe serlo, porque fué un virtuoso y porque fue un sagüero; y un sagüero que hijo amantísimo, nunca nos escatima su gloria: vino á poner á los pies da su querida Sagua, su madre amorosa, todo lo que adquirió lejos de ella: sus laureles."
… ¡Y felices los pueblos que tienen hijos como Solís a quiénes enaltecer!”












