Por: Liuva Sarduy González
Tenía solo 26 años y ya era una estrella local. Cayo Bécker murió tempranamente un 28 de diciembre.
Inocente, decían en la calle los incrédulos al escuchar la noticia, por la terrible coincidencia de fechas. Pero la de ese 1976 no era una inocentada. Era, más bien, uno de esos golpes asombrosos que da la vida.
Cayo Bécker era un mulato, aunque mi tío “Babito” asegura que era un jabao fornido, dotado de una voz privilegiada que lo llevó a ser la estrella del Cabaret Nocturnal de su Villa del Undoso natal.
Por aquellos años 70 escuchar cantar a Cayo Bécker era una suerte. No había espacio donde se presentara que no se abarrotara. La fama de su voz y de su excelente figura llegó lejos. Incluso, algunos dicen que hasta Japón, a donde fue a parar una grabación con su voz, como una maqueta para lo que sería su primer disco internacional.
Todo iba de maravillas para Cayo. Pero la suerte lo abandonó aquella noche en que, luego de un exitoso concierto en su lugar favorito, llegó a casa, se dio una hartera de comida y se acostó a dormir. Nunca más despertó el intérprete de éxitos locales como “Puerto vacío”.
Aun las personas lucen incrédulas cuando hablan del suceso. Estaba lleno de vida, dicen unos.
“Fue un daño”, comentan en silencio los otros. “Era mujeriego. Claro, no podía ser diferente, cantante, buen mozo…” “De seguro alguna de sus pretendientes frustradas le echó un daño”, dan por sentado algunas de sus más creyentes vecinas del barrio La Gloria.
Cierto o no, Cayo Bécker, una figura que bien pudo llegar lejos, pasó rápido por esta vida. Dejó tras de sí algunos éxitos que aun suenan en la radio loca y mucha gente que lo admira y quiere escucharlo continuamente, en especial, cuando se acerca el 28 de diciembre e, invariablemente alguien dice al teléfono de radio Sagua: “No se olviden de Cayo Bécker, por favor”.
Cómo olvidarlo si, a pesar de la desgracia de no contar con su presencia, su voz se inscribe entre lo más preciado del patrimonio musical de Sagua la Grande.












