Por: Liuva Sarduy González
Ocurrió hace muchos años. Tantos que apenas dan deseos de recordar. Aunque los días grises que envuelven a esta historia, no merecen ser olvidados, para que nadie sueñe con revivirlos.
Vicia era una sencilla mujer de Villa Alegre. Y cuando se menciona a este barrio en aquellos años, bien se sabe que están vinculados a una miseria que no vale la pena recordar.
Era día de elecciones pero eso no iba con ella. Vicia tenía otras cosas en mente. Caminaba por una de las calles de su barrio cuando la interpeló un guardia.
"¿Por qué no has ido a votar?"
La mujer, con evidentes síntomas de embarazo y necesidad fue sincera. Para ella no había candidatos ni elecciones. Lo suyo era dar de comer a sus hijos, en casa, que esperaban impacientes.
El guardia resultó ser uno de esos que custodiaban las urnas y velaban por la transparencia del proceso.
"Mira, coge estos cinco pesos. Entra ahí a La Trocha y vota por Fulano. Que no se te ocurra hacerme trampa porque te voy a encontrar donde te metas". Fue la amenaza final.
Vicia asintió con la cabeza. Enseguida su mente recobró la serenidad. Ya había dinero para unos días. Lo otro... Miró hacia atrás. Comprobó que el guardia no la miraba y en la lejanía de la calle vio que conversaba con otro inocente.
Entonces hizo lo que consideró más pertinente. Pasó de largo por el lugar de votación. Apretó bien fuerte los cinco pesos y puso pies en polvorosa. Ese dinero se merecía y su voto no se lo daba a cualquier mequetrefe que intentaba robarle a los pobres.
Vicia pensó que la amenaza de aquel guardia estuvo bien pagada. Por suerte, faltaban pocos años para que la luz llegara a Villa Alegre y a Cuba toda. Entonces nunca más habría votos por pesos.












