Por: Liuva Sarduy González
Por muchos años se consideró una casa embrujada. Cuando pasábamos por la mítica casona de la calle Solís, alguien decía siempre que una mano blanca salía si tocadas a la aldaba.
Que detrás hay una mujer que nunca sale a la calle, por eso parece un fantasma. Que sus padres la encerraron a cal y canto porque se enamoró de un pobre… Y así cuantas anécdotas salieran de las mentes más inocentes e infantiles.
Cuenta una vecina que alguna vez sintió voces que la llamaban desde dentro. No sé si le asistía la verdad o se pasó de copas aquella noche en que, de regreso del Centro recreativo La Ribera, sintió que una mano blanca la rozó en las inmediaciones del Castillo Arenas.
Pasar por ese misterioso lugar, que luego se me rebajó a Palacio, no sé por qué; era toda una aventura. Ni soñar con que los días señalados por los rituales históricos los mayores te dejaran caminar siquiera cerca…
Después supe que era uno de los edificios más importantes de Villa Clara, por sus valores arquitectónicos. Entonces empecé a verlo con otros ojos.
El Palacio Arenas Armiñán es una construcción bien pensada, que mezcla varios estilos como el Islam, el Barroco y el Art Nouveau en un Eclecticismo perfecto que enorgullece a los sagüeros. El proyecto surgió en 1918. Construido por el Marqués de San Felipe y Santiago, fue en sus inicios, una casa de mampostería y tejas de una sola planta. Con posterioridad fue posesión de Don Tomás Ribalta y Serrat.
No sé si la famosa leyenda de la mujer embrujada tuvo algo que ver, lo cierto es que cambió varias veces de propietario, hasta que, finalmente llegó a las manos de Valentín Arenas Miranda quien lo convirtió en lo que es hoy.
Hace unos años quiso el Ministerio de cultura hacer allí su Academia de música pero fue demasiado dilatada la inversión.
Hoy el Palacio Arenas resurge de sus cenizas, siempre de clase, para erigirse como patrón de la arquitectura de Sagua la Grande. Una ciudad que se enorgullece de su Palacio, el Arenas, donde se mezclan las leyendas y el esplendor para dar toques maravillosos a la emblemática esquina de las calles Solís y Clara Barton.












