Parque La Independencia, zona fundacional de Sagua la Grande. Foto: Diana Guirola de la Fuente
Por: Liuva Sarduy González
El nacimiento de un pueblo, es una contribución á la cultura
del mundo y un concurso á la obra del progreso.
Antonio M. Alcover
Pepe Hillo, uno de esos estudiosos que jamás le faltan a las ciudades ilustres, rechazaba con vehemencia la celebración del aniversario de Sagua la Grande el 8 de diciembre.
Según el reconocido pedagogo, historiador y periodista, aquel día de 1812 en que se construyó una ermita y se dedicó una misa a la Inmaculada Concepción no era más que un día cotidiano de la historia de la incipiente Villa.
Es cierto. Solo que, como Alcover, pienso que aunque la primera misa que se ofició en este territorio se realizó en el año 1796, en aquellos años no había una ciudad premeditadamente organizada. Incluso, algunas versiones de la época refieren que estas tierras eran pobladas por negreros, contrabandistas y algunos ladronzuelos que solo buscaban enriquecerse a costa de la madera que era bastante abundante por aquellos años.
Que me disculpe Pepe Hillo pero fundar una ciudad es un acto consciente.
Quienes poblaron estas tierras no lo hicieron con el ánimo de plantarse en ellas sino de tomarla como paso. Eso explica que a inicios del siglo XIX solo había unos cientos de casas en lo que hoy es Sagua la Grande. En cambio, quienes se unieron aquel día inicial de diciembre de 1912, tenían la convicción de convertir estas prósperas tierras en una ciudad, un pueblo con todas las de la ley.
Aquel día no solo se dio el primer paso. Fue más bien, la chispa que encendió ese ánimo de llevar el progreso a la incipiente Sagua la Grande.












