Por: Liuva Sarduy González
Sagua la Grande tiene mucho de leyenda, sí, pero según mis cuentas, Isabela de Sagua se gana el título en cuestión de historias salidas del pueblo.
Algunas de ellas se remontan a los años de las guerras de independencia, como el caso de la que refiero en esta oportunidad, que data del año 1897.
Según cuentan, Prabanco, del que no refiere la historia nombre ni otras señas, traicionó a las fuerzas mambisas. No solo abandonó la causa revolucionaria sino que fue delator.
Entre sus víctimas estuvo Casimiro Espinosa, quien llegó a Isabela de Sagua en una misión especial y perdió la vida por la traidora intervención de Prabanco.
Un grupo de voluntarios, que ya sabemos de cuánto eran capaces, puso fin a su vida en el varadero de Isabela. Luego, lo arrojaron al mar, envuelto en alambre de púas.
Cuenta la leyenda que apareció varios días después en el ancla de un barco fondeado en el río.
Pero como ninguna acción queda sin reacción, Prabanco también tuvo lo suyo. Cierto día llegó a Isabela un cubano de los buenos y le solicitó ayuda para afilar su machete.
Prabanco aceptó gustoso. Giraba la piedra y el insurrecto, siguiéndole la rima, afilaba el machete. Al terminar la tarea cumplió la misión que lo llevó al poblado costero. Cortó la cabeza del traidor para que, por su bocaza, no muriera ningún otro cubano.
Según cuentan los más viejos, el fantasma sin cabeza deambula por las calles de Isabela de Sagua, en busca de su lengua para cumplir su traidora misión.












