Foto: Diana Guirola de la Fuente
Por: Roxana Sánchez Varela
Varios incendios trataron de frenar el progreso de Sagua la Grande desde su fundación en el año 1812.
Cuentan que en 1822 dos grandes fuegos casi desaparecen los pequeños caseríos que en aquel entonces conformaban la villa.
Las 30 casas de las manzanas de las calles Padre Varela, Clara Barton y Colón fueron reducidas a cenizas. Pero los que en aquellos tiempos habitaban el pueblo continuaron con sus planes de desarrollo basados principalmente en la agricultura y el comercio.
No tardó en llegar otro incendio y esta vez más severo y radical. Se estima que las pérdidas alcanzaron los $50.000 pues se devastaron seis almacenes y varias viviendas.
En marzo de 1836 y julio de 1839 se reiteraron las catástrofes, más cruentas en cada ocasión. Pero Sagua no se detuvo, se recuperó rápidamente, llegamos a contar con varias casas de mampostería y teja, almacenes para el azúcar y la sal. Cada día mejoraba el entorno de la ciudad.
El origen de los fuegos, aún, es algo turbio; pero lo que sí es real es que no frenaron el progreso en Sagua la Grande.
