La necesidad de incorporar al pueblo a la defensa constituyó el propósito de la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias, sólida organización uniformada y disciplinada.
Por Bárbara Fortes
En el antiguo Liceo, hoy Casa de la Cultura, en Sagua la Grande, se estableció el Estado Mayor de la Defensa civil y los pobladores voluntariamente se alistaron para patentizar su disposición de luchar por la Patria.
En los diferentes centros de trabajo fueron creadas las Milicias. Al frente de las mismas estaban algunos jóvenes con nociones del manejo de las armas.
Por la cercanía de la región norte de la provincia de Las Villas al territorio de Estados Unidos, se adoptó la decisión de crear un Puesto de mando avanzado en Isabela de Sagua, con el fin de vigilar y proteger las costas. Desde allí se frustraron muchos ataques enemigos.
Un papel preponderante desempeñó además la Milicia Campesina y Obrera integrada por los diferentes sectores de la sociedad.
Según datos estadísticos, en Sagua la Grande, había un total de 36 432 habitantes. Es de destacar que unos 1 500 hombres, integrados en 5 Batallones de milicias partieron hacia el Escambray, a inicios de 1961, para la limpia en la lucha contra bandidos en aquella zona.
El batallón de milicias 1716 se constituyó con carácter urgente con el fin de defender a la Isabela de un desembarco. Todos los integrantes recibieron preparación militar en la escuela de Remedios.
Para preparar mejor a los milicianos se abrieron varios centros militares en Cuba. A los sagüeros les correspondió la Escuela de Milicias de Matanzas, y partieron hacia allá en enero de 1961.
Cuando Fidel informó del peligro de un desembarco por Girón, los alumnos de ese centro fueron trasladados a los escenarios de combate, por considerarse la fuerza mejor preparada en aquellos momentos.
La presencia de la mujer sagüera fue sobresaliente en las Milicias, como en todas las tareas. Corrían los primeros años de la Revolución naciente y se creó un batallón de mujeres menores de 40 años y otro que agrupaba a las que sobrepasaban esa edad.
Las féminas hacían guardias diurnas y nocturnas en centros de trabajo y cuadras, con una actitud ejemplar.
Playa Girón y la presencia de los milicianos renace como ejemplos de hombres y mujeres que desde el principio creyeron en la Revolución.
Dos sagüeros regaron con su valerosa sangre las arenas de Girón. Silvio Fernández Álvarez y Miguel Ángel Rodríguez Marín, jóvenes con una vida por delante, que no titubearon y fueron protagonistas de aquella gesta que frustró los sueños mercenarios.












