Por: Maylen Paz Treto



“Eso no tiene ciencia” es la frase que tienen en boca muchos cuando se acercan a las obras de albañilería de Pedro.

Y él, con la experiencia acumulada a través de sus 30 años en la construcción, deja entrever una sonrisa de esas que quieren decir: “si tú supieras que no es tan fácil como crees”.

Porque muchos piensan que es solo conocer la proporción exacta de la mezcla y a poner bloques se ha dicho, pero la construcción es mucho más que eso, es medir, calcular, optimizar y, para el cubano, hasta inventar.

El 5 de diciembre de cada año en Cuba se celebra el Día del trabajador de la Construcción, fecha propicia para agasajar a todo el personal que de una u otra forma está vinculado a este sector.

Arquitectos, ingenieros civiles y técnicos están de fiesta, pero una labor imprescindible, y de un esfuerzo extraordinario, constituye el quehacer de los obreros que practican la construcción como oficio aprendido a la perfección, sin que medien lápices o libretas, solo la práctica convertida en experiencia.

Y es que precisamente pensando en hombres como Pedro surgió la celebración por iniciativa del Comandante en Jefe. En ese III Congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Construcción en 1972, Fidel instituyó la fecha en recordación de la muerte de un revolucionario cabal: Armando Mestre Martínez, quien fuera un albañil de oficio, humilde, que dio su vida por la Revolución.

Honor merecen los hombres y mujeres que crean proyectos, edificaciones, los que idean autopistas, puentes, hospitales, industrias. Pero honor merecen también quienes, como Pedro, casco a la cabeza, los materializan con el sudor de su frente.