Sagua la Grande, cuna de héroes, aportó dos vidas al asalto del Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Roberto Mederos y Elpidio Sosa, dos jóvenes de la misma tierra, compartieron el ideal de libertad que los llevó a inmolarse en la gesta que cambiaría el rumbo de Cuba.
En la Villa del Undoso, el nombre de Elpidio Sosa González (1929-1953) es sinónimo de nobleza y rectitud. Los que lo conocieron lo recuerdan como un joven íntegro que repudiaba los atropellos y los abusos. Viajante de comercio de profesión, su entrega a la causa revolucionaria fue absoluta: vendió su empleo como tesorero de una importante compañía y donó los trescientos pesos a la gesta moncadista. Fue un combatiente clave en los días previos, acompañando a Abel Santamaría a Santiago de Cuba y preparando las condiciones en la Granjita Siboney para la llegada de los jóvenes revolucionarios.

Junto a él, Roberto Mederos Rodríguez (1929-1953) representa el coraje silencioso del pueblo. De carácter llano, animado y con el don de dejarse querer, este dependiente de una librería habanera era un hombre de firmes convicciones. Al enterarse del golpe de Estado de Batista, el 10 de marzo de 1952, expresó sin titubeos su decisión de ir a «barrer con toda esta gente que se burla del pueblo, que traiciona la Patria». Su familia, que no lo imaginaba con un fusil en la mano, se sorprendió al conocer su hidalguía y valor en el asalto, donde perdió la vida.

Ambos, junto a otros cuatro villaclareños, fueron parte de la Generación del Centenario que asaltó la gloria aquel 26 de julio. Elpidio Sosa cayó en Santiago de Cuba, mientras Roberto Mederos encontró la muerte en el propio Cuartel Moncada.
Hoy, Sagua la Grande honra su memoria. Elpidio Sosa y Roberto Mederos, dos sagüeros unidos por el mismo ideal, sellaron con su vida el compromiso con una patria libre, demostrando que el coraje no entiende de oficios ni de clases, sino de convicciones profundas.




