Hay suegras y suegras. Está la que te recibe con un plato de comida caliente y la que te mira de arriba abajo como si fueras a robarle al hijo. Está la que te llama para preguntar si ya comiste y la que llama para preguntar por qué no has llamado. Y está la que, sin querer queriendo, se convierte en la protagonista de todas las reuniones familiares.
Hoy, Día Mundial de la Suegra, es el momento perfecto para rendirle un homenaje con humor a esa mujer que, nos guste o no, es parte de la familia. Porque dicen que el amor es ciego, pero la suegra todo lo ve. Y aunque a veces la convivencia saca chispas, hay que reconocer que sin ella muchas casas no tendrían quien endulce el café, quien cuide a los nietos o quien tenga la última palabra en cada discusión.
Los cubanos tenemos un refranero popular lleno de sabiduría suegril. “Cuando la suegra está lejos, el matrimonio es un paraíso”, dicen unos. “Suegra, ni en pintura”, exageran otros. Pero también está la que, cuando la hija se casa, le dice al yerno: “Cuídala, que no te la regalé”. Y el yerno, con una sonrisa nerviosa, asiente y se promete a sí mismo no contradecirla en la mesa.
Hay suegras que son como el café: amargas al principio, pero después te acostumbras y hasta le coges el gusto. Otras son como el ají: pican, pero le dan sazón a la vida. Y están las que, sin pedir permiso, se instalan en el sofá y en el corazón de la familia.
Este Día Mundial de la Suegra, mandémosle un abrazo (o al menos un mensaje) a esa mujer que nos saca canas verdes pero que, en el fondo, nos quiere como a un hijo. Porque la familia es un paquete completo, y la suegra es la cereza del pastel. ¡Feliz día a todas las suegras del mundo! Y que Dios nos coja confesaos.




