miércoles, abril 10, 2024
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Cuba: el inicio del curso escolar y sus retos

cada curso escolar siempre constituye una victoria porque representa la prioridad del Gobierno a sus niños, adolescentes y jóvenes para tener acceso a uno de los derechos universales: la educación.

No hay que insistir mucho para saber que desarrollar un curso escolar en las condiciones de Cuba es un reto como pocos países son capaces de enfrentar.

La educación en su concepto más amplio implica tener en cuenta muchos caminos y mediaciones que tributan a la formación de valores, convicciones, conceptos, la personalidad, y provee de herramientas para enfrentar e interpretar la vida.

En el caso cubano, el país tiene ante sí el desafío mayor de construir un modelo de enseñanza atemperado a nuestras propias condiciones con una  permanente influencia de noticias desde el exterior, un barrage en las redes sociales digitales como nunca antes, cambios de paradigmas dentro de la sociedad provocados por la complejidad de la vida, a lo que se suma un escenario internacional unipolar muy adverso y junto a el un programa de colonización cultural que está presente no solo en lo que vemos, apreciamos o nos llega por vías diversas, sino además en los referentes que mediáticamente están dirigidos a rescribir la historia o hacernos creer que mirar hacia ¨la acera del frente¨ es el mejor de los mundos posibles y a lo que debemos aspirar.

Alguien se preguntará ¿qué papel desempeña el curso escolar en relación con los temas anteriores?

Hablamos de niños y adolescentes, que transitan por la enseñanza general y  cuyo programa docente contempla el conocimiento de materias que contribuirán de un grado a otro, a entender el mundo en que vivimos, y también a querer y apreciar de dónde venimos y cómo llegamos hasta aquí.

Pero eso solo no basta. Y he ahí el reto, desafío que sobrepasa el modelo que pondera solo la instrucción para abarcar uno más amplio, integral, que enseña pero también conecta el aula con la vida real, la sociedad, entrena y provee de habilidades a los estudiantes no solo para recibir materias sino para correlacionar, interpretar y llegar a conclusiones.

No se trata solo de un maestro o profesor frente a un aula; se trata de un educador que trasmite conocimientos, con un sentido de la ética profundo, de un proceso docente en el que no puede faltar lo educativo, formativo, el fomento de valores humanos compatibles con la sociedad donde vivimos teniendo en cuenta las mediaciones que influyen en ella para que esos valores se creen y sedimenten.

Hablamos de un maestro-profesor-educador-formador, de todo a la vez.

En medio de este proceso ¿dónde quedan la sociedad y la familia? En el curso escolar que inicia hoy en la enseñanza general, tenemos una oportunidad. Porque se retoma el período lectivo íntegramente tras el impacto de la pandemia, con la totalidad de las semanas de clases concebidas para un período habitual, con total presencialidad en el aula.

Por lo tanto, habrá un mayor contacto e interconexión entre el maestro con el alumno, que implica igualmente identificar fortalezas y debilidades, trabajar más de forma individual con el estudiante y tener la posibilidad de conectar a la familia o insertarla en un propósito similar para completar el proceso docente, educativo y de complemento de la enseñanza en cada hogar. Por eso es una oportunidad que no puede dejar de aprovecharse y que conlleva sistematicidad de ambas partes escuela-familia, y trabajo en equipo.

El desafío hoy en la enseñanza cubana es mayor que nunca. No solo concebir nuestro modelo educativo desde la instrucción – un elemento primario a nuestro modo de ver-, aunque es el primer objetivo en este largo camino al que se le conectan otros, implica también un maestro más preparado, integral, creativo, y con mayor dominio de las herramientas de la tecnología para hablar lenguajes similares a nuestros estudiantes, poder conectar mejor con ellos y entender su mundo. Solo desde ahí, habrá mayores posibilidades de avanzar rápidamente.

Éxitos a nuestros maestros, héroes y heroínas anónimos, puntales insoslayables para la nación, porque sin educación no puede existir el país. Ellos son la base desde donde nace la pirámide. 

Como cada nuevo curso, hay desafíos mayores que afrontar. Por lo pronto, abrir cientos de escuelas en Cuba este 4 de septiembre, es un tremendo triunfo que valida y confirma la voluntad de defender un sagrado derecho universal del ser humano.

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