Seis horas de música deberían ser suficientes para que en los predios de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el cuartel general de la mafia anticubana de la Florida se entendiera de una vez por todas que entre los pueblos de Estados Unidos y Cuba existen razones y sentimientos para la convivencia amistosa y no para el odio.

El Concierto por Cuba, que por dos noches el último fin de semana enlazó a músicos de ambos países en un puente virtual construido por la organización Hot House de Chicago y el Instituto Cubano de la Música, no solo ­promovió la candidatura de la brigada médica Henry Reeve al Premio Nobel de la Paz por la asistencia humanitaria contra la pandemia de la COVID-19 en más de una treintena de países, sino lanzó al mundo un mensaje fuerte y claro de condena al bloqueo que por seis décadas han ejercido las administraciones estadounidenses contra Cuba, recrudecido en estos tiempos.

Desde la explosión rítmica sazonada con aires cubanos de la Chicago Jazz Philharmonic Orchestra liderada por Orbert Davis hasta la invitación al baile de Alexander Abreu, las músicas de uno a otro lado se unieron para dar testimonio de los muchos y fecundos puntos de contacto entre las culturas de pueblos vecinos.

No es posible explicar la salsa neoyorquina sin la savia aportada por la Orquesta Aragón ni la excelencia de las entregas de la banda de Arturo O’ Farrill hijo y de la canadiense Jane Bunnet sin la fusión entre la corriente central del jazz con el entorno sonoro cubano.

Uno de los más conmovedores momentos fue la confluencia entre Barbara Dane y Pablo Menéndez, madre e hijo; ícono ella de la tradición del folk y el blues; líder él de una formación que en la Isla ha ensanchado los cauces del rock.     

Decenas de mensajes de adhesión a los propósitos del concierto se escucharon en la transmisión. Entre los primeros, Danny Glover, quien valoró el altruismo de los médicos y trabajadores de la Salud cubanos al colaborar con comunidades afectadas ahora por la COVID-19 y antes por muchas otras enfermedades o víctimas de catástrofes naturales en diversas latitudes. A nombre de los Pastores por la Paz, Gail Walker evocó a su padre, el reverendo Lucius Walker, y anunció que tan pronto sea factible, los caravanistas regresarán a Cuba.

En cuanto a la necesidad de poner fin al bloqueo, el laureado cineasta Michael Moore dijo: «Ojalá pudiera decir que esos atropellos terminarán en breve. Queda mucho por hacer». Eso es lo que están haciendo tantos amigos y gente de bien como los que se expresaron en el Concierto por Cuba.

Tomado de Granma: http://www.granma.cu/cultura/2020-07-21/concierto-por-cuba-puente-de-amor-contra-el-odio-21-07-2020-01-07-54

 

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  Autor: Lisandra González Machado / Fotos: Diana Guirola de la Fuente

 Estos baches, cual portales a otra dimensión, abundan en las bicentenarias calles del centro histórico de Sagua la Grande. Algunos, ya mostrados en esta sección, se etiquetaron y destacaron con vallas protectoras para evitar accidentes, o se bloqueó completamente una cuadra (Marta Abreu / Céspedes y Solís), otros más modernos y dinámicos se hacen sentir con una bolsa plástica sujetada a un madero, por aquello de la visibilidad nocturna versus carencias de pinturas reflectivas o luces de neón. Pero, otros, se han convertido en los más osados cuando; por miedo, claro, ante los curiosos inquietos que quieren investigar qué guarda Sagua por dentro, son cubiertos por señales de tránsito que prohíben la entrada ¡Ojo! Fíjese bien y no se confunda, es una señal de "Entrada Prohibida".


 

 

Sagua la Grande en tiempos de Covid-19.

  


 

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