Durante años, las zonas rurales de Cuba fueron vistas como fuente de sustento, empleo y futuro. Donde se cultivaba un tubérculo, una verdura o una fruta, también se abría la posibilidad de mantener un hogar y aportar al abastecimiento del país. Sin embargo, hoy muchas comunidades campesinas viven marcadas por la escasez y por la incertidumbre de las cosechas.
En Sagua la Grande no deja de resultar extraño que, en ciertos momentos, un producto agrícola se consiga más fácilmente y a mejor precio en los mercados de la ciudad que en las propias tierras donde se produce, y en muchas ocasiones ni en ambos lugares. Esa aparente contradicción muestra problemas de fondo: fallas en la comercialización, pocos incentivos, costos altos, falta de insumos, combustible y transporte, y una distribución que no siempre beneficia a quienes viven y trabajan en el medio rural.
El campesino puede sembrar, pero requiere semillas, fertilizantes, herramientas, combustible, seguridad para su producción y precios que hagan rentable su esfuerzo. Si tras meses de trabajo el resultado apenas cubre los gastos, o si una parte importante de lo cosechado se traslada directamente a los mercados mayoristas de la ciudad, es lógico que disminuya la motivación para producir.
La agricultura se fortalece cuando existen condiciones reales para hacerlo. El productor necesita sentir que su trabajo se valora, que tendrá acceso a los recursos imprescindibles y que podrá vender lo cosechado sin obstáculos excesivos ni pérdidas en el camino. También necesita servicios básicos y oportunidades para que los jóvenes no vean el campo como un lugar del que necesariamente tienen que irse.
Es cierto que cada persona puede cultivar un pedazo de tierra, un patio o un pequeño huerto familiar, pero no es razonable que el campesino tenga dificultades para acceder a lo que produce. El campo debe alimentar primero a sus habitantes y, al mismo tiempo, contribuir de forma organizada al abastecimiento de las ciudades. La comercialización no puede convertirse en una cadena que encarezca los productos y deje en desventaja tanto al productor como al consumidor.
No basta con pedir más sacrificios a quienes ya producen en condiciones difíciles. Hay que crear las condiciones para que sembrar vuelva a ser una actividad digna, rentable y estimulante.

Foto. Tomada de Cubadebate




