Tomado de Cubadebate
Seily Mendoza supera en estatura a varios periodistas que la rodean en busca de grabar sus palabras. La negra de trenzas amarillas se para robusta, piernas semi abiertas, rostro sudado, mirada al frente, frases cortas. Responde con la misma seguridad que hace unos segundos embestía a la jamaiquina Caitlin Nicole Chang en la final de la espada centrocaribeña.
Entonces, justo antes de irse a los vestuarios, una pregunta fractura su brío.
En la fase de grupos, la habanera de 28 años perdió contra la jamaiquina Chang luego de ganar sus primeros cuatro combates. Igualmente le bastó para avanzar a cuartos, donde superó 15-14 a la colombiana Natalia Lozano. En la semifinal, la dominicana Violeta Ramírez -bronce en Veracruz y Mayagüez- la tuvo contra la cuerdas hasta que con el marcador 12-10, Seily logró cuatro puntos consecutivos. Pero a falta de uno solo para avzanzar a la discusión del oro, Violeta empató. La cubana supo manejar mejor la presión en la última tirada y se llevó el desafío.
En la final, tuvo un complicado duelo de zurdas frente a la corpulenta Nicole. La jamaiquina de 25 años la esperó atrás, como hizo durante toda la jornada con el resto de las rivales. Nicole apenas movió su arma, más bien provocó con su falsa pasividad. La esgrima se basa en quebrar al rival y la jamaiquina apenas lo intentó. En cambio, la agraseividad de la espadachina nacida en Marianao fue clave. Supo adaptarse a tiempo y aprovechó la velocidad para desconcertar a la rival e imponerse 15-10. Para así ganar su tercer oro a nivel centrocaribeño luego del individual y colectivo que obtuvo en Veracruz cuatro años atrás.
La espada femenina se incluyó por primera vez en el programa de estos eventos en 1986. Cuba solo perdió el oro individual y por equipos en San Juan-1993*.
Por supuesto, la pregunta que cambió el semblante de la campeona de Barranquilla no tuvo relación alguna con el histórico dominio cubano en estas pruebas o con las rivales que enfrenó, sino con la persona de quién se acordó al convertirse en tricampeona regional.
El hermano de Seily murió demasiado temprano. “La vida me lo quitó muy joven y me he convertido en única hija”, me dice mientras una lágrima quiebra las gotas de sudor en su mejilla.
Y yo, que tengo una hermana de la misma edad de Seily, no dejó de pensar en ella. No dejó de pensar en Seily y sus gritos después de cada punto, su puño derecho cerrado en el aire.
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